Al pez betta, o luchador de Siam, no le gusta compartir su acuario con otros machos betta. De hecho, los machos betta pelean y se muerden entre sí hasta que uno muere. No son compañeros de equipo. Se vuelven unos contra otros. Estos peces son conocidos por su agresividad, que ha sido engendrada en ellos.
En las últimas décadas, muchos países han visto un aumento en los ataques y peleas similares entre sus ciudadanos; han surgido divisiones y se han polarizado debido a una o más leyes, a las políticas o incluso a las personalidades públicas. Aunque cada uno de nosotros pueda tener su propia percepción de lo que cree que debe hacerse bajo ciertas circunstancias, mi pensamiento suele recurrir a esta respuesta de la Fundadora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, cuando le preguntaron sobre su política: “En realidad, no tengo ninguna, sino la de apoyar a un gobierno justo; amar a Dios supremamente, y a mi prójimo como a mí misma” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 276).
Entonces, ¿cómo podríamos apoyar un gobierno justo, caracterizado por la moralidad, la justicia y el respeto por la ley y el orden? ¿Y cómo podríamos apoyar a quienes ocupan cargos de gobierno para que expresen virtud, justicia y honestidad? La oración por los cargos gubernamentales puede mostrar un camino a seguir cuando un país está lidiando con divisiones. Para mí, orar de esta manera quiere decir comprender espiritualmente qué significa ese cargo, qué representa y las cualidades espirituales necesarias para cumplir con sus deberes.
Por ejemplo, yo resido en los Estados Unidos y oro con regularidad para apoyar el cargo de Presidente. Esto incluye reconocer que la realidad espiritual revelada en la Biblia, especialmente en la vida y el ministerio sanador de Jesús, siempre es verdadera, ya sea que la evidencia física inmediata lo confirme o no. A través de la forma espiritual de pensar, podemos reconocer y afirmar que el cargo pertenece a Dios, la Mente omnipotente, y que está gobernado por esta Mente. De manera que, cada individuo que ocupa ese puesto está, en realidad, bajo el control de la Mente divina única. Dios sostiene el cargo, y la sabiduría, la economía y el amor fraternal lo impregnan a través de la guía divina.
Orar de esta manera despersonaliza nuestro sentido del cargo y, en lugar de ver a una persona al mando, empezamos a ver que Dios, el bien, está al frente, guiando a Su creación perfecta. Esto incluye al individuo que ocupa ese cargo, cuya verdadera identidad espiritual es el reflejo de Dios, hecho a Su imagen y semejanza.
Una vez, cuando los funcionarios religiosos se acercaron a Cristo Jesús tratando de tenderle una trampa, le dijeron: “Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no?” Jesús respondió: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Marcos 12:14, 17).
Jesús hizo una clara distinción entre la personalidad de César y la absoluta autoridad de Dios. Nunca promovió derrocar el gobierno de César, pero sí promovió el derrocamiento del mal al reconocer que toda gloria y poder pertenecen a Dios, el bien. Nosotros también podemos “dar a Dios lo que es de Dios” y regocijarnos en la autoridad y el poder divinos que operan en cada cargo en todo el mundo. ¿Pero cómo?
Encontré una respuesta útil en palabras escritas por uno de los primeros practicistas y maestros de la Ciencia Cristiana: “Quien se dedica al trabajo sanador aprende, a través de su comprensión del Principio divino, a detectar rápidamente el error que debe ser eliminado para que se pueda experimentar una verdadera curación, y la Sra. Eddy lo deja muy claro a lo largo de toda su enseñanza. Explica a los estudiantes de sus escritos que tanto el miedo como el pecado deben ser expuestos y destruidos por la verdad, y que el practicista que percibe cualquier fase del error —falta de sinceridad, deshonestidad o impureza— en el pensamiento del paciente, debe primero encender la luz de la Verdad en las profundidades de su propio pensamiento y expulsar todo lo que quede en ella de esos errores. Entonces estará listo para enfrentar con amor y eficacia la tarea que se le ha encomendado de sanar perfectamente la consciencia humana que ha acudido a él en busca de la ayuda que solo la Ciencia divina puede brindar” (Annie M. Knott, “Spiritual discernment,” Sentinel, March 15, 1919).
Sanar nuestro propio pensamiento primero nos prepara para despersonalizar cualquier mal que parezca estar presente mientras oramos por los cargos del gobierno. Al eliminar de nuestro propio pensamiento cualquier creencia en el poder del mal, como el odio, la ira o la falta de sabiduría, purificamos nuestro sentido del cargo y reemplazamos cualquier conciencia del mal con lo que comprendemos como real y verdadero del gobierno de Dios.
Mientras oramos, ninguna ira, lógica materialista ni indignación deben entrar en el pensamiento para nublar nuestra visión espiritual de lo que Dios está haciendo y ha hecho por la humanidad. Solo la perfección de Dios y de Su creación debe reposar en el pensamiento si queremos obtener una percepción clara de la autoridad y el poder de Dios en los hechos humanos. En realidad, ni el odio, la ignorancia, la voluntad propia ni el sentimentalismo pueden invadir el cargo. La mente mortal, una mente supuesta que se opone a Dios, no tiene dominio en ningún cargo porque está fuera de la ley divina, la que la Ciencia divina —la verdadera visión de Dios y de Su creación— revela como la única ley. La mente mortal es impotente ante la omnipresencia de la Mente divina, Dios.
Nuestras oraciones por los cargos gubernamentales pueden ayudar a mantener el cargo, su propósito y las cualidades espirituales necesarias para sostenerlo. Y esto, de forma natural, bendice al individuo que lo ocupa y a todos aquellos cuyas vidas se verán afectadas por las decisiones derivadas del ejercicio de ese cargo.
La Sra. Eddy escribe: “Orad por la prosperidad de nuestro país y por su victoria bajo las armas; que la justicia, la misericordia y la paz continúen caracterizando su gobierno, y que ellas gobiernen todas las naciones. Orad para que la divina presencia continúe guiando y bendiciendo a nuestro primer magistrado, a aquellos asociados con su cargo ejecutivo y a nuestro poder judicial; que dé a nuestro congreso sabiduría, y que sostenga a nuestra nación con la diestra de Su justicia....
“Quiera nuestro Padre-Madre Dios, que en el pasado nos puso mesa en el desierto y ‘en medio de nuestros angustiadores’, establecernos en la más sagrada fe, plantar nuestros pies firmemente en la Verdad, la roca del Cristo, la ‘certeza de lo que se espera’ —y saciarnos con la vida de Dios y con la comprensión de lo que es El, y con la buena voluntad para con los hombres” (La Ciencia Cristiana en contraste con el panteísmo, págs. 14-15).
La agresividad no se engendra en nosotros. El hijo de Dios no tiene tendencia a la pelea ni a la ira, sino que evidencia el gobierno divino de Dios. Es natural que todos oremos para reconocer esto, y oremos sobre esta base, para que los cargos del gobierno bendigan a todos.
