“Esta mañana me miré al espejo y me quedé atónito de lo absolutamente perfecto que me veo” ... ¡nadie dijo jamás esto!
Bueno, quizá una selección muy pequeña de personas ha dicho algo así, pero para el resto de nosotros, la imagen personal no siempre es el tema más alentador. Una bailarina profesional me dijo una vez que, aunque cada día pasa mucho tiempo frente al espejo ensayando, no puede decir realmente cómo se ve. Aunque mucha gente la ve bella, su imagen personal es tan borrosa debido a las expectativas del mundo respecto a la imagen corporal de los artistas que, por mucho que lo intente, simplemente no puede verse objetivamente.
Más allá de las imágenes en espejos de cristal claro, ¿hay una mejor manera de comprender quiénes somos realmente? En la Lección Bíblica de esta semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana sobre “Denuncia de la nigromancia antigua y moderna, alias mesmerismo e hipnotismo”, hay un buen consejo del libro de Proverbios de la Biblia: “No seas sabio en tu propia opinión” (Proverbios 3:7).
Sí, eso es razonable. A través de nuestros propios ojos, nuestras emociones pueden sin duda distorsionar la imagen personal, entonces es difícil discernir sabiamente quiénes y qué somos realmente. Más adelante en esta Lección Bíblica llega este consejo útil del Nuevo Testamento: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios” (Romanos 13:1).
El único poder, que es Dios, siempre contempla Sus creaciones con absoluta precisión. ¿Significa eso que Dios se centra en los defectos de Sus creaciones? ¡Difícilmente! Dios, que en la Ciencia Cristiana se comprende como la Verdad y la Vida, solo ve Su propia imagen en cada uno de nosotros.
Sin utilizar ningún componente físico, Dios nos forma espiritualmente con el simple propósito de expresar Su naturaleza perfecta y buena. Esta es una noticia muy alentadora. De ninguna manera somos nosotros —las creaciones espirituales de Dios— imágenes de mortales o de la mortalidad; existimos solo como la autoexpresión de Dios. Lo reflejamos el 100% del tiempo.
En lugar de ir a un espejo para descubrirnos, podemos ir en oración a Dios, a la Verdad divina. La Verdad divina no nos va a mentir sobre quiénes somos. Con absoluta precisión, Dios nos dará información clara, a pesar de todas las cosas deficientes que el mundo pueda creer erróneamente acerca de nosotros.
Jesús dependió tan completamente de la actividad del Cristo en sus pensamientos y experiencias que se le conoce como Cristo Jesús. Sobre el Cristo, hay una cita en esta lección bíblica del libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras de Mary Baker Eddy, Fundadora de la Ciencia Cristiana: “Cristo es la verdadera idea que proclama el bien, el divino mensaje de Dios a los hombres que habla a la consciencia humana. El Cristo es incorpóreo, espiritual —sí, la imagen y semejanza divina, que disipa las ilusiones de los sentidos; el Camino, la Verdad y la Vida, que sana a enfermos y echa fuera los males, que destruye el pecado, la enfermedad y la muerte—” (pág. 332).
¿Por qué Dios está constantemente “[proclamando] el bien” acerca de nosotros? ¡Porque la Verdad divina misma es puramente buena y expresa constantemente su propia bondad dentro de cada uno de nosotros! En realidad, no hay otra presencia que Dios. Así que no hay nada más de lo que podamos recibir identidad. Este no solo es un arreglo alentador; conocerlo disipa con eficacia esas “ilusiones de los sentidos” hipnóticas, degradantes, que nos miran desde un espejo.
Al orar, descubrimos que tenemos derecho a no ser “sabio en tu propia opinión” y con confianza apartar la mirada de esa imagen mortal en el espejo. ¿Por qué apartar la mirada? Porque algo mucho más interesante capta nuestra atención: la imagen de Dios. Es nuestra verdadera imagen personal. Ciencia y Salud explica: “Cuando se habla del hombre como creado a imagen de Dios, no se hace referencia al hombre mortal, pecador y enfermizo, sino al hombre ideal, que refleja la semejanza de Dios” (pág. 346).
Con la sabiduría y la paz propias del Cristo de Dios, ¿es posible ser consistentes en identificarnos como este hombre ideal que existe solo como imagen de Dios? Sí, definitivamente lo es. Reconocer la verdad sobre nosotros mismos nos prepara para poner al descubierto, denunciar y demostrar la impotencia de las imágenes mortales falsificadas. No se aplican a nosotros como creaciones de Dios, así que ya no necesitamos resentirlas. En cambio, nos regocijamos porque “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
