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Sana de lesión en la espalda

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 1º de junio de 2026


La curación de una lesión incapacitante en la espalda ha resultado ser una experiencia fundamental para mí. Fortaleció mi confianza en la supremacía absoluta del Espíritu para mantener al hombre intacto para siempre. Como escribió el salmista: “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades; el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión” (Salmos 103:2-4, LBLA).

Estaba ayudando a un familiar a mover un escritorio grande y antiguo (con estantes altos), y en el proceso, este cayó sobre mí, y me derribó. Mi mano quedó atrapada bajo su peso y, al intentar liberarla, me lesioné la espalda y quedé inmovilizada de dolor. 

Por un momento pensé que perdería el conocimiento, pero al recurrir a Dios en busca de ayuda, ese temor desapareció rápidamente. Pude pensar con calma y asegurar a mis familiares que estaría bien. Llamaron a un practicista de la Ciencia Cristiana para que orara por mí, y se hicieron los arreglos para llevarme a un sanatorio de enfermería de la Ciencia Cristiana cercano a mi casa.

El practicista de la Ciencia Cristiana me dio tratamiento mediante la oración, apoyando mi deseo de depender de medios espirituales para la curación. Mi necesidad inmediata era comprender que el accidente y la lesión jamás podrían distorsionar a la imagen y semejanza de Dios. Como se nos enseña en la Ciencia Cristiana, Dios, la Mente infalible, es consciente en todo momento de la integridad de Su creación, y sostiene en su lugar cada idea con firmeza y ternura, por lo que nunca hubo un momento de actividad sin sentido en el que se pudiera haber producido daño.

 Apenas comencé mi estancia en el sanatorio, la sensación de conmoción desapareció. Sin embargo, todavía no lograba moverme sin dolor. Persistí en orar, aferrándome a la realidad espiritual de mi inquebrantable relación con el Amor divino. Estaba despertando, suave y gradualmente, al hecho de que el hombre está espiritualmente intacto; incluso si somos tentados a creer que ha ocurrido algún tipo de desconexión. Las ideas espirituales no pueden ser expulsadas de su órbita establecida de salud y santidad. Llegué a valorar que la fortaleza espiritual que necesitaba en ese momento emanaba del Alma, otro sinónimo de Dios. Sabía que los atributos del Alma se reflejan, no se adquieren.  

A medida que se desarrollaba esta comprensión, el miedo desaparecía. La alegría del desarrollo espiritual tomó su legítima posesión de la conciencia. Y una mañana, para mi grata sorpresa, descubrí que podía mantenerme erguida y equilibrada.

En las semanas siguientes, con la continua oración del practicista de la Ciencia Cristiana, dediqué tiempo y estudio a comprender el ajuste de pensamiento que sustentaba mis pasos hacia la curación. La callada sensación de que habitaba segura en el reino de los cielos —donde los accidentes son desconocidos— me permitió ceder por completo al control de Dios sobre la curación. Toda tentación de revisar el cuerpo en busca de signos de progreso desapareció. Estaba segura de que cualquier sombra de duda o temor a haber pasado por alguna experiencia dura desaparecería. Los escritos publicados de Mary Baker Eddy y las Lecciones Bíblicas semanales del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana se convirtieron en mis aliados más cercanos en la curación. 

Pronto pude ponerme de pie y caminar libremente sin el apoyo de un andador y sin dolor. Ya no necesitaba el cuidado del personal de enfermería de la Ciencia Cristiana, así que poco después volví a casa. Estoy agradecida por la atención de la enfermería de la Ciencia Cristiana. La reconfortante presencia de la alegría y fe plena en la Verdad fue un fuerte apoyo en mi camino hacia la curación.

Toda curación en la Ciencia Cristiana permite que nuestra comprensión de la omnipotencia de Dios, el bien, se eleve más. Aumenta nuestro discernimiento de las necesidades legítimas de ayuda que nos rodean. Y la consagración necesaria para vivir el amor que profesamos se convierte en nuestra oración incesante. 

Cada día aumenta la demanda de la curación espiritual en el mundo. Y tenemos el privilegio de formar parte de esta “era espiritual que avanza” (Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 65). Sentimos la fuerza y la certeza de un propósito y un progreso unificados en nuestros hogares, nuestras iglesias y nuestras comunidades. Todo lo que intente engañarnos u obstaculizar nuestro progreso es reconocido y descartado porque es ilegítimo.   

Estas son algunas de las vislumbres espirituales que he obtenido de esta curación. Las valoro como perdurables recordatorios de la presencia y el poder misericordiosos de Dios para sanar.

Ahora, cuando paseo a nuestro perro por el parque cercano con total libertad, siento renovada gratitud por la gracia y movilidad que el hombre expresa como reflejo de Dios. Y por saber que todos están incluidos en el ánimo sanador del Espíritu. Como se afirma en el libro de texto de la Ciencia Cristiana, “Ni la edad ni los accidentes pueden interferir con los sentidos del Alma, y no hay otros sentidos reales” (Ciencia y Salud, pág. 214).

Patricia Johnston
San Francisco, California, EE. UU.

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