Hace muchos años, sufría de debilitantes dolores de cabeza, que normalmente ocurrían los días que no estaba en el trabajo. Era miembro del equipo olímpico de vela de los Estados Unidos, y los dolores de cabeza también solían manifestarse cuando iba de camino a una regata de campeonato importante.
En una ocasión, iba conduciendo hacia un campeonato norteamericano, remolcando mi embarcación en un remolque, cuando comenzó uno de estos dolores de cabeza. Era alrededor de medianoche durante un viaje de 16 horas. En ese momento estaba escuchando la radio, y un entrevistador inició una conversación con un médico especializado en tratar dolores de cabeza. El médico explicó con mucho detalle lo que llamó cefalea tensional. Su descripción de lo que llevó a esta condición sonaba como mi experiencia.
En mi estudio de la Ciencia Cristiana, he aprendido que abordar los problemas con la comprensión de que soy espiritual, la semejanza o reflejo de Dios, el Espíritu, trae curación. Esa noche, pensé que, si de hecho era espiritual, entonces esa incomodidad no era posible. De repente, la comprensión de que esa incomodidad era imposible me vino con mucha fuerza, y quedó claro que ese dolor no podía formar parte de mi experiencia. En ese momento, el dolor de cabeza desapareció.
Esto ocurrió hace cuarenta años, y nunca más he vuelto a experimentar ese dolor debilitante. Mary Baker Eddy afirma en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “Toma consciencia por un solo momento de que la Vida y la inteligencia son puramente espirituales —ni están en la materia ni son de ella— y el cuerpo entonces no proferirá ninguna queja. Si estás sufriendo por una creencia en la enfermedad, repentinamente te encontrarás bien” (pág. 14). Esta curación ocurrió precisamente como resultado de tomar consciencia de que la Vida es puramente espiritual.
James Medley
Seattle, Washington, EE. UU.
