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Para jóvenes

¿Te sientes estancado en una presentación?

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 15 de junio de 2026


Cuando me invitaron a hablar en un congreso en los Países Bajos para presentar los primeros hallazgos de mi tesis doctoral, sentí que era una parte importante de mi carrera. Así que trabajé con dedicación en mi presentación durante tres semanas, sintiéndome cada vez más tensa a medida que se acercaba la fecha. 

Siempre me había considerado una oradora segura de mí misma, pero la noche antes de viajar estaba nerviosa. Me di cuenta de que mi presentación era complicada, demasiado larga y no tenía una idea central. Sentía tanto miedo de no impresionar fenomenalmente a mi público que estaba avergonzada de lo que había producido. 

Cuando empecé a entrar en pánico, me di cuenta de que necesitaba alejarme de la computadora. Con poco tiempo para hacer cambios y notar que estaba mentalmente agotada, supe que era hora de orar. Como estudiante de la Ciencia Cristiana, he visto cómo —cuando me he sentido así en el pasado— recurrir a Dios siempre ha traído calma y dirección. Sabía que esta vez no sería una excepción.

Comprendí que había estado atrapada en mi propio concepto de ser una buena oradora y presentadora —que me consideraba la fuente de ese talento—. Sentí que Dios me estaba empujando a ver cuánto más grande y expansiva es la vida cuando no la delineo desde la pequeñez de mi propia perspectiva. 

En el libro de Éxodo en la Biblia, Moisés dudaba de su capacidad para hablar de forma convincente y sacar a los israelitas de la esclavitud (véase 4:1-12, 28-31). Yo pensaba que la capacidad de Moisés era suya, así que fue un gran alivio saber a través de la Ciencia Cristiana que Dios era en realidad su origen y Moisés, la expresión. Confiando en Dios, Moisés logró sacar a los israelitas de su cautiverio. Esto me ayudó a entender que todo concepto de nosotros mismos que esté envuelto en el orgullo o la desaprobación de uno mismo pierde la oportunidad de ver la expresión completa de Dios en nuestras vidas. 

Al reflexionar sobre esto, me sentí cada vez más humilde y receptiva y empecé a replantearme mi motivo para presentar mi investigación en el congreso. Me di cuenta de que mi verdadera razón para estar allí era expresar al Amor divino, Dios, no para impresionar al público. Así que Le pedí que me guiara en la revisión o renovada concepción de mi presentación para que pudiera beneficiar a quien quiera que la escuchara.

Después, mi perspectiva cambió gradualmente para ver que Dios, por ser la Mente infinita, la inteligencia divina, ha sido el poder motivador que respalda mi carrera; incluida mi investigación para mi tesis y cada paso de esta travesía. Dios seguiría siendo el piloto de mi vida, no yo. Así que abrí un nuevo archivo de PowerPoint y dije: “Muy bien, Dios. Esto es todo Tuyo. Dime qué debo poner aquí”. 

Empecé a caminar por mi apartamento y esperé. Me decía a mí misma que escucharía atentamente la guía acerca de cada diapositiva hasta que llegara —aunque tuviera que andar de un lado a otro por mi apartamento toda la noche—.   

Tras unos pasos, me vinieron a la cabeza ideas para las dos primeras diapositivas y un nuevo comienzo creativo. Me senté a escribir y luego volví a caminar hasta que llegó la siguiente idea. En unos veinte minutos, logré una presentación completa que era interactiva y representaba mi investigación. También tenía una idea central, una fluidez elegante y un principio y un final. Cuando repasé la presentación, cumplía el plazo de tiempo exacto necesario para el congreso. 

Me quedé maravillada. Me sentí tan eufórica y humilde. 

La presentación estuvo increíblemente bien y ha sido un modelo que he utilizado en otras oportunidades. Y esta experiencia me recordó la verdad esencial de que Dios es la única fuente de nuestra inteligencia y creatividad. Cuando nos damos cuenta de que Dios es la fuente, los estudios y todas las demás actividades se vuelven más satisfactorias, creativas, interesantes y fáciles.

He llegado a pensar en esta experiencia en relación con algo que un practicista de la Ciencia Cristiana compartió conmigo. Imagínate que estás sentada en un coche en una gran ciudad rodeada de edificios altos. Realmente quieres ir a un lugar concreto, pero es difícil ver cómo llegar. Ahora imagina que estás hablando por teléfono con un querido amigo que está de pie en lo alto de uno de esos edificios y puede ver todo el trayecto hasta tu destino. Tu amigo podría recomendarte: “Dobla a la derecha ahora y luego gira a la izquierda”. Aunque eso no tenga sentido, basándote en tu propia visión de la calle, sabes que tu amigo puede ver todo claramente y puede guiarte por la mejor y más rápida ruta posible. 

Probablemente ya hayas descubierto que, en esta analogía, tu amigo es Dios, y cuán rápido y placenteramente puedes llegar a tu destino depende, en parte, de cuánta confianza deposites en la perspectiva de tu amigo.

La humildad es poderosa porque nos permite abandonar una visión limitada y aceptar la dirección divina. Entonces, en lugar de sentir que necesitamos acumular talentos o esforzarnos por convertirnos en “alguien”, descubrimos que ya somos “alguien” completo y capaz, porque el Amor divino nos hizo así.

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