Cuando encontré la Ciencia Cristiana hace muchos años, vivía en un pequeño pueblo de Cáceres, una provincia de la región de Extremadura, en España. Un día, mi tía me dijo que alguien les había dado a ella y a mi tío un libro llamado Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por una mujer llamada Mary Baker Eddy, y que la lectura de ese libro podía sanar.
En ese momento, trabajaba como asistente en la consulta de un pediatra. Tenía un problema de cálculos renales y había estado hospitalizada varias veces. Como mi última hospitalización había sido muy desagradable, decidí no volver al hospital y seguir un camino diferente.
Interesada por lo que mi tía me había contado sobre Ciencia y Salud, conseguí un ejemplar del libro. En cuanto empecé a leerlo, me gustó mucho porque hablaba de armonía, bondad y el amor de Dios por nosotros.
Eso realmente me llamó la atención. A medida que seguía leyendo, empecé a entender que Dios es bueno, se ocupa de nosotros, nos sana y es Todo. Empecé a verme como la hija de Dios y a entender que soy espiritual.
Cuando tuve otra crisis de cálculos renales, conseguí el número de teléfono de una practicista de la Ciencia Cristiana; una mujer estadounidense que llevaba muchos años viviendo en España. Después de explicarle lo que estaba pasando, recuerdo que simplemente dijo: “Muy bien, me pondré a trabajar”, lo que entendí que significaba que estaría orando por mí.
Tras esa llamada, fui a casa de mis padres en el pueblo y me quedé allí. Mientras tanto, la practicista oraba por mí. En ese momento, yo sabía muy poco sobre la Ciencia. Estuve muy enferma todo el fin de semana y con mucho dolor, pero continué leyendo Ciencia y Salud. Mis padres fueron un gran apoyo, porque respetaban mi deseo de depender de Dios para sanar. Además, el médico local estaba fuera ese fin de semana.
La tía que me había presentado la Ciencia Cristiana vino a casa para ayudar a reconfortarme y cuidarme. Recuerdo que insistió en la importancia de prestar atención a esta declaración en la página 412 de Ciencia y Salud: “Insiste mentalmente en que la armonía es la realidad, y que la enfermedad es un sueño temporal. Percibe la presencia de la salud y la realidad del ser armonioso, hasta que el cuerpo corresponda con las condiciones normales de salud y armonía”. Recuerdo a mi madre y a mi tía leyéndome en voz alta el Padre Nuestro y su interpretación espiritual de Ciencia y Salud, y también “la declaración científica del ser”, que comienza así: “No hay vida, verdad, inteligencia ni sustancia en la materia. Todo es la Mente infinita y su manifestación infinita, porque Dios es Todo-en-todo” (Ciencia y Salud, pág. 468).
Para ser sincera, en ese momento no era fácil ver la materia o la enfermedad como irreales, pero tenía mucha confianza en que Dios me sanaría. Recuerdo que me quedé dormida una noche, dos o tres días después, y desperté a la mañana siguiente sin dolor, libre de todo mal. ¡Y tenía mucha hambre porque llevaba dos días sin comer! Le pedí a mi madre que me hiciera un bocadillo de jamón.
Tras enterarse de lo ocurrido, mi jefe, el pediatra, insistió en que me hiciera un análisis de sangre y orina cuando volviera al trabajo, porque pensaba que debía tener una infección. Los resultados mostraron que estaba bien, lo cual le sorprendió.
Aunque algunos atisbos del viejo problema regresaron brevemente años después, desde el principio supe claramente que Dios es del todo armonioso, y yo soy Su reflejo espiritual y armonioso. Y ahí terminó todo: la curación quedó firmemente establecida y el problema nunca volvió.
Así fue como aprendí por primera vez sobre la Ciencia Cristiana. Llevo casi cuarenta años estudiando esta Ciencia y he tenido muchas otras curaciones maravillosas.
Fabiola Calle Calle
Plasencia, Cáceres, España
