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Un Dios, una oración y una promesa

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 4 de junio de 2026


Durante los imperios griego y romano, la gente oraba a un panteón de dioses con la esperanza de que atendieran sus necesidades. Se creía que Zeus controlaba el orden, el clima y la justicia del cosmos; Apolo presidía la música, la profecía, la curación y el sol. Había dioses para el matrimonio, la fertilidad, la sabiduría, la guerra; para prácticamente todos los aspectos de la vida.

El problema era que estos dioses antropomórficos —y los ídolos diseñados a semejanza de ellos— no eran realmente dioses, y las peticiones de ayuda de las personas no eran más que una esperanza. Aunque la gente entendía que el universo estaba creado y gobernado por un poder mayor que ellos mismos, para ellos, este universo era completamente material. Su punto de vista material les impedía ver la creación real y espiritual tal como se describe en Génesis 1 en la Biblia, en la que un solo Dios crea el universo y ve que es completamente bueno. Ellos, en cambio, estaban sometidos a deidades con naturalezas y deficiencias humanas. Algunas veces, la mitología incluso representaba a estos dioses discutiendo y peleando entre sí.

Cuando Dios le dio a Moisés el Primer Mandamiento, “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3), fue una reprensión a la creencia panteísta de dioses con apariencia de hombre que gobernaban un mundo material. Se refería justamente a lo contrario. El tema de la Lección Bíblica de esta semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana es “Dios, causa y creador único”. Incluida en la lección, se encuentra esta cita de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy: “Moisés hizo avanzar una nación a la adoración de Dios en Espíritu en vez de materia e ilustró las grandes capacidades humanas del ser concedidas por la Mente inmortal” (pág. 200).

La “adoración de Dios en Espíritu” quizá no habría avanzado como lo hizo de no ser por las pruebas innegables de la presencia y el cuidado que el Espíritu divino brindó a los hijos de Israel durante sus cuarenta años en el desierto. Y hoy conocemos a Dios como el único poder, porque todo el ministerio de Cristo Jesús, fundado en esta verdad, resultó en pruebas innegables de curación.

Jesús dijo: “El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:29, 30). A través de sus obras, Jesús demostró a sus discípulos —incluidos tú y yo, sus estudiantes de la época moderna— que el único creador divino satisface todas nuestras necesidades; y experimentamos esto cuando reconocemos y aceptamos Su presencia y amor que todo lo abarca. Y nos mostró cómo hacerlo en la única oración que nos dio. La Sra. Eddy escribe sobre esta oración: “Nuestro Maestro dijo: ‘Voso­tros, pues, oraréis así’ y luego dio esa oración que cubre todas las necesidades humanas” (Ciencia y Salud, pág. 16).  

La Lección Bíblica de esta semana nos guía por medio del Padre Nuestro, incluida la interpretación espiritual que la Sra. Eddy hizo de él. Esto ilumina la aplicación práctica del reconocimiento de la única causa universal y creador que es nuestro Padre-Madre Dios; cuyo reino ha venido a nosotros, tal como siempre lo ha estado en el cielo; que nos da a todos la gracia y las provisiones diarias que podamos necesitar; y que nos enseña a amar, perdonar y evitar las trampas del pecado.

Este es el único Dios que necesitamos. Es el único Dios que podemos tener: el Todo-en-todo, el Amor divino, que llena todo el espacio. Comprender la totalidad de Dios disipa cualquier ilusión de otro poder que pueda mejorar Su creación perfecta o quitarle algo.

¿Por qué nos importa esto? Porque, como se revela en la Ciencia Cristiana, este reconocimiento de Dios como el único creador tiene una maravillosa promesa para nosotros: “El hombre, gobernado por su Hacedor, no teniendo otra Mente —plantado en la declaración del Evangelista de que ‘todas las cosas por Él [el Verbo de Dios] fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho’— puede triunfar sobre el pecado, la enfermedad y la muerte” (Ciencia y Salud, págs. 231-232). Comprender correctamente a Dios nos muestra el dominio reflejado de Dios que tenemos sobre cada pretensión de la mortalidad.  

Alcemos nuestras voces en alabanza a Dios, a la Mente divina, la causa universal y creadora de todo. Como leemos en Ciencia y Salud: “Si la Mente fue cronológicamente lo primero, es lo primero en potencia y tiene que ser lo primero eternamente, entonces demos a la Mente la gloria, el honor, el dominio y el poder debidos, por toda la eternidad, a su santo nombre” (pág. 143).  

Si eres nuevo en las Lecciones Bíblicas semanales del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana, puedes aprender más sobre ellas aquí: https://biblelesson.christianscience.com/es/

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