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Una resolución armoniosa a una situación de jubilación

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 12 de enero de 2026

Original en español


Hace aproximadamente seis años, tuve una experiencia que me enseñó el valor práctico de la Ciencia Cristiana. Vivo en Argentina, y después de una carrera docente de más de veinticinco años, felizmente decidí retirarme. Se habían cumplido todos los requisitos legales y condiciones reglamentarias.

Sin embargo, algunos meses después me enteré de que la pequeña escuela privada para la que trabajaba, que tenía recursos limitados, debía dinero a su fondo de jubilación y no había podido llegar a un acuerdo de pago, lo que provocó que mi proceso de jubilación se estancara. Tuve que contratar a una abogada para tratar de poner en marcha el proceso.

Durante ese tiempo, estaba afirmando la presencia de Dios y pidiéndole guía y ayuda, pero también estaba llena de ansiedad y desconfianza. Sabía que yo no tenía la culpa de la demora y sentí que me estaban tratando injustamente. Pasó un año sin ningún avance.

En un momento dado, la abogada encontró una discrepancia entre las cantidades que mis empleadores habían deducido de mi salario como contribuciones de jubilación y las que realmente se habían ingresado en mi fondo de jubilación. Mis sentimientos de desesperanza e indignación aumentaron.

Algunos meses después, llegó la pandemia de 2020. En Argentina, estábamos confinados en gran medida en nuestros hogares. Me desesperé ante esta situación porque estaba ansiosa por jubilarme y comenzar una nueva etapa en mi vida. Le mencioné esto a mi hermana, que también estudia la Ciencia Cristiana, y empecé a aceptar su guía.

Me sentí impulsada a abordar la situación desde una perspectiva espiritual. En ese momento, mi hermana era Primera Lectora en Primera Iglesia de Cristo, Científico, en Rosario, y compartió conmigo diferentes pasajes de la Biblia y Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, que podían ser útiles. Un pasaje de los Salmos me llamó la atención: “Sol y escudo es el Señor Dios; gracia y gloria da el Señor; nada bueno niega a los que andan en integridad” (84:11, LBLA). Sabía que no podía ser privada de ningún bien, porque todo lo bueno venía de Dios.

También encontré mucho consuelo en estudiar la Lección Bíblica semanal del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. A través de mis oraciones, comencé a estar alerta a las ideas de Dios que podían ayudar a la situación. Primero me di cuenta de que al trabajar desde casa podía realizar el proceso de jubilación en persona, porque las oficinas del fondo estaban cerca. Así que despedí a la abogada y comencé a ir a esas oficinas yo misma, para comprender mejor la situación y tratar de encontrar una solución.

Había oído que el presidente de la institución encargada de mi fondo de jubilación parecía ser completamente rígido e intransigente. Seguí orando, sabiendo que en el reino de Dios la única autoridad es la divina. Afirmé en silencio que podía ver a todos como hijos de Dios, reflejando las cualidades divinas que se expresaban en su trabajo. También volví a hablar con la dirección de la escuela, y pusieron al abogado de la escuela a cargo de manejar mi caso semana tras semana. No obstante, el presidente del fondo siguió siendo un impedimento.

Mi hermana y yo seguimos confiando, orando y dando pequeños pasos. Se me ocurrió orar también con el Padre Nuestro, ya que, como menciona la Sra. Eddy, es “esa oración que cubre todas las necesidades humanas” (Ciencia y Salud, pág. 16).

Algunos meses después leí en el periódico que el presidente del fondo había renunciado a su cargo. Cuando el nuevo presidente asumió el cargo, el abogado de la escuela pudo reunirse con él y acordaron cómo resolver mi caso. A finales de 2021 pude recibir mi pensión.

Doy gracias a Dios por mi estudio de la Ciencia Cristiana, que me ayudó a superar este problema específico y me dio más herramientas espirituales, mayor comprensión y confianza en el cuidado infalible de Dios.

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