Era verano, y yo estaba en mi campamento favorito jugando a capturar la bandera.
La estaba pasando tan bien corriendo con mis amigos que no me di cuenta de que había atravesado un cantero de arbustos espinosos. Más tarde esa noche, cuando estábamos de vuelta en nuestra cabaña, una de mis compañeras de cabaña me señaló que tenía las piernas cubiertas de arañazos rojos. Los arañazos estaban un poco inflamados y mi piel estaba llena de ronchas, pero ni siquiera me había dado cuenta porque me estaba divirtiendo mucho. No estaba preocupada, y lo primero que pensé fue simplemente ignorarlo e irme a la cama. No quería que nada me quitara la alegría que sentía.
En ese momento, me vino a la mente esta frase de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy: “La receta para la belleza es tener menos ilusión y más Alma, retirarse de la creencia de dolor o placer en el cuerpo a la inmutable calma y gloriosa libertad de la armonía espiritual” (págs. 247-248).
Esto era algo en lo que había estado pensando toda la semana, porque estaba incluido en la Lección Bíblica semanal del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. De niña aprendí que el Alma, el enfoque de la Lección de esa semana, es otro nombre para Dios. Así que la receta para la belleza es tener más Dios en nuestras vidas; no es que podamos aumentar la presencia de Dios, que es infinita, sino que siempre podemos reconocer y agradecer esa presencia más plenamente. Sentí que esto era exactamente lo que estábamos haciendo en el campamento, porque era un campamento para Científicos Cristianos, y estábamos aprendiendo más sobre la práctica de la Ciencia Cristiana a través de nuestras variadas aventuras.
En aquel entonces, estaba en la secundaria y era muy tímida; siempre me comparaba con las fotos de las revistas populares para adolescentes. Al ver esas imágenes, me sentía menos que hermosa; pero al leer la Lección Bíblica sobre “Alma”, estaba empezando a entender que la verdadera belleza es mucho más que superficial. En la Biblia, la belleza se expresa a través de las cualidades espirituales tales como la gracia, la perseverancia, el valor, la firmeza espiritual y la fortaleza de carácter. Estas cualidades, junto con la alegría que había sentido al jugar a capturar la bandera con mis amigos, representaban mi verdadera belleza.
Pensando en este pasaje me quedé dormida.
A la mañana siguiente, cuando me vestí, noté que mis piernas estaban totalmente limpias. No había ni un arañazo ni cicatriz, y las ronchas también habían desaparecido. Fue como si me hubieran lavado, y solo quedaba una piel perfecta e intacta. De verdad, estaba agradecida, pero también estaba maravillada por el Alma, Dios, y asombrada por haber sanado tan rápido.
La comprensión espiritual que obtuve y la comprensión de que la Lección Bíblica semanal está llena de ideas prácticas y sanadoras se han quedado conmigo desde entonces. Más tarde, también reconocí que la verdadera belleza espiritual permanece perfecta e intacta en cada creación individual de Dios.
En los años siguientes, a medida que mi comprensión de la Ciencia Cristiana ha ido creciendo, he entendido más profundamente que esta curación no fue una especie de retoque divino. Reveló, en cambio, la belleza y la perfección espirituales siempre presentes que cada uno de nosotros posee como una expresión de Dios, el Espíritu, que es el bien infinito.
Eso no quiere decir que esta curación haya terminado con todas mis luchas relacionadas con la belleza y la autoestima; no fue así. Sin embargo, sí me dio una base sobre la cual construir, y al reflexionar sobre ella a lo largo de los años, sigue enseñándome lecciones espirituales aun más profundas.
