Si realmente estamos luchando por deshacernos del odio, el simple hecho de no querer ser dominados por el odio en cualquier forma puede comenzar a movernos hacia la curación. Este deseo abre nuestro corazón a la omnipresencia del Amor como un poder transformador.
El miedo había desaparecido por completo y pude disfrutar del resto del buceo y de la belleza que me rodeaba.
Nuestra historia humana de faltas y rasgos desagradables puede parecer un obstáculo temporal para amarnos a nosotros mismos, pero no nos puede impedir que experimentemos amor.
En nuestras oraciones, debemos dirigir nuestra mirada hacia lo que es divinamente verdadero —hacia lo que es verdad acerca de Dios y de nosotros como Su amado reflejo—, no hacia lo que parece estar mal. Dios debe estar en el centro.
En ese momento, el practicista llamó para ver cómo estaba Hunter. El practicista estaba tan seguro de que Dios no hizo el miedo porque Dios es Amor, que Hunter comenzó a sentir el amor de Dios también.