El Cristo, la santidad que Jesús encarnó, nos permite “lograr el ministerio de la justicia”. El Cristo siempre está activo en la consciencia humana, guiándonos individual y colectivamente por el camino de la salvación, nuestra libertad absoluta de toda consciencia y condiciones discordantes.
Darme cuenta de que podía conectar el sentimiento de estar en casa con sentir la presencia reconfortante de Dios realmente me ayudó.
A través del dedicado estudio de Ciencia y Salud y la Biblia, todos pueden aprender a sanarse a sí mismos y a los demás. Las últimas cien páginas de Ciencia y Salud contienen testimonios de personas que sanaron con solo leer el libro de texto.
Probablemente todos hemos tenido experiencias en las que cuanto más nos hemos esforzado por convencer a alguien de algo, más fuertemente lo han rechazado. Pero tal vez también hemos tenido conversaciones en las que sabemos que alguien comparte su perspectiva debido a su sinceridad y amor por nosotros.
Cuando me desperté al día siguiente, ya no me dolía la garganta. Sabía que Dios me había sanado.
El Cristo es el mensaje divino, que habla a nuestro propio pensamiento, calma nuestros temores, alivia nuestras preocupaciones y sana nuestros cuerpos.
Escondida detrás de la máscara hay una individualidad espiritual creada divinamente mucho más inteligente, segura, radiante, amorosa y adorable que cualquier máscara falsa.
La Ciencia Cristiana enseña la importancia de apartarse del miedo en las crisis de salud. Hacerlo nos permite mantenernos conscientes de la verdad y aprovechar más la omnipotencia y omnipresencia de la bondad de Dios.
Lo que no es cierto acerca de Dios no puede ser verdad acerca de ninguno de Sus hijos, que son creados a Su imagen y semejanza. Esta es una verdad universal que abraza a todos, en todas partes.
La incertidumbre puede parecer desalentadora, pero es posible apoyándose en Dios, el bien, y sabiendo que Él tiene las riendas.