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Agradecida por curaciones recientes

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 23 de febrero de 2026


Quisiera expresar mi gratitud a Dios por algunas curaciones recientes. El invierno pasado empecé a tener síntomas de gripe. Enseguida me di cuenta de que había estado albergando cierta frustración hacia un familiar por haberme pedido ayuda con el cuidado de sus niños cuando estaban enfermos. Me comuniqué con un practicista de la Ciencia Cristiana para que me ayudara a superar esto. También me di cuenta de que había estado abrigando pensamientos de justificación propia respecto a la forma en que este familiar manejaba su casa en comparación con la manera en que mi marido y yo llevábamos la nuestra. Ahora sentía que en realidad no me importaba sanar los síntomas de gripe; simplemente quería liberarme de esos pensamientos. 

Nuestra Guía, Mary Baker Eddy, aconseja a los miembros de La Iglesia Madre que oren a diario para liberarse de los pensamientos condenatorios, entre otras cosas (véase Manual de La Iglesia Madre, pág. 40). La atención extra que había estado prestando a este requisito diario me llevó a desear liberarme de este error. 

El practicista me ayudó a ver que cuando escuchamos mensajes de Dios, la parte más importante de ese hermoso don es lo que hacemos a continuación: cumplir con lo que hemos escuchado. Al amar a Dios se me darían las respuestas sobre lo que necesitaba hacer para dejar atrás esos sentimientos. Simplemente estar quieta y amar a Dios. 

Pronto me entregué por completo a Dios y a Su presencia. Le agradecí cuánto me amaba y por la oportunidad de estar en la vida de este familiar y de ayudarla con cariño cuando ella lo necesitaba. Las lágrimas fluyeron al sentir la presencia de Dios, y Su amor llenó mi conciencia. No oraba para sanar los síntomas de la gripe; simplemente amaba a Dios por lo que es y hace. Poco después, noté que todos los síntomas habían desaparecido.

Dos semanas más tarde, otro familiar que había estado lidiando con síntomas de gripe me llamó para pedirme ayuda. Fui a su casa para leerle literatura de la Ciencia Cristiana y prestarle atención práctica durante unas horas. Sentía firmemente que estaba protegida en este trabajo y no sufriría ningún efecto negativo como consecuencia. La irrealidad de esta pretensión de gripe se había establecido con mucha más firmeza en mi pensamiento mediante la curación anterior.

Días después, durante un servicio religioso muy inspirador, escuché la sugestión: “Deberías enfermarte ahora porque ya hace unos días que estuviste cerca de [ese familiar]”. Rápidamente negué esto y recordé el caso alegórico en el libro de texto de la Ciencia Cristiana, donde un hombre es “juzgado” en el “Tribunal del Error” por haber ayudado a un amigo enfermo. Luego desarrolla una enfermedad “que se estima que… se castiga con la pena de muerte”. Dentro de la alegoría, el caso se traslada al “Tribunal del Espíritu”, donde “El hombre es considerado inocente de trasgre­dir las leyes físicas, puesto que no existen tales leyes” (véase Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, págs. 430-442). Yo quería estar alerta y participar en el servicio sanador. Sabía que no podía ser atacada debido a un acto de amor. 

Tenía una gran responsabilidad al día siguiente que sería muy difícil de manejar con los síntomas de gripe. Después del servicio religioso, a medida que los síntomas y el miedo aumentaban, oré durante unas horas preguntándole a Dios qué necesitaba saber, cómo debía manejar esta creencia. Las palabras “No doy mi consentimiento” llegaron con fuerza a mi conciencia. De hecho, tan fuertemente, que claramente no era mi propio pensamiento. Fue uno de esos momentos en los que el Cristo, la Verdad, habla y defiende, y le permitimos que transforme nuestro pensamiento. Después de eso, el temor me abandonó y seguí con las actividades. En menos de treinta minutos, todos los síntomas desaparecieron por completo.

Un mes después volví a tener síntomas de resfriado después de ayudar a un familiar en su casa otra vez cuando no se encontraba bien. En esta ocasión, pensé en la forma en que la Sra. Eddy describe cómo sanaba Jesús: “Jesús veía en la Ciencia al hombre perfecto, que aparecía a él donde el hombre mortal y pecador aparece a los mortales. En este hombre perfecto el Salvador veía la semejanza misma de Dios, y esta manera correcta de ver al hombre sanaba a los enfermos” (Ciencia y Salud, págs. 476-477).

Me di cuenta de que ese familiar era el “hombre perfecto” al que se refería esa descripción, y busqué todas las formas en que ella expresaba el bien y cómo Dios la veía perfecta. En 15 minutos todos mis síntomas de resfriado desaparecieron.

Hubo una ocasión más en la que me aparecieron síntomas de resfriado y gripe por esa época. Sin embargo, todas las experiencias previas, así como mi “claro sentido y calma confianza” (Ciencia y Salud, pág. 495) de que estas no eran realidades que debía combatir, sino sugestiones que de ninguna manera tenía que aceptar, permitieron que se sanaran rápidamente. Simplemente perdieron su efecto abusivo sobre mí.

Como alguien que ha luchado contra resfriados o gripe durante muchos años, estas curaciones han sido muy gratificantes y me han dado mucha confianza. Sé que un factor que contribuyó a este avance del pensamiento ha sido el servicio desinteresado en la iglesia: estar dispuesto a servir de formas nuevas y exigentes. 

Mi gratitud por esta Ciencia, por nuestro Maestro, Cristo Jesús, y por nuestra Guía por iluminar el camino hacia una mejor comprensión de Dios y Su idea espiritual, el hombre, no tiene límites.

Shannon Woolley
Hudson, Ohio, EE. UU.

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