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Curación en el turno de noche

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 16 de marzo de 2026


¿Qué significa ser el reflejo de la Mente divina ilimitada? Me encontré reflexionando sobre esta pregunta tras leer una declaración en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras de Mary Baker Eddy: “Si Dios, el Todo-en-todo, es el creador del universo espiritual, incluyendo el hombre, entonces todo lo que tenga derecho a ser clasificado como verdad, o Ciencia, tiene que estar incluido en un conoci­miento o una comprensión de Dios porque no puede haber nada más allá de la divinidad ilimitable” (pág. 127). 

Aprendemos en el primer capítulo del Génesis que Dios hizo al hombre a Su imagen y semejanza. A partir de esta premisa, podemos concluir que reflejamos la naturaleza ilimitada de nuestro Padre divino, y por tanto no somos mortales limitados e imperfectos. En los últimos años, he sido testigo de cómo esta verdad se va  desarrollando mientras navego por todas las alegrías y desafíos de la enfermería de la Ciencia Cristiana.

Cuando fui guiada a seguir esta carrera, pregunté por las horas de trabajo. “¿Esto es de lunes a viernes, de 9 a 5?” Recuerdo que mis futuros empleadores se rieron un poco de la pregunta. Me sorprendió descubrir que el trabajo requiere estar dispuesto a trabajar todos los turnos, cualquier día de la semana. No me sentía humanamente capaz de cumplir con esa exigencia. Afortunadamente, no tuve que hacerlo. Dios me llamaba a hacerlo. Sabía que, si Dios me había llevado allí, Él me ayudaría a lograrlo. Dios satisfaría mi necesidad ayudándome a elevar mi pensamiento para conocer mi verdadera naturaleza espiritual —libre de limitaciones—. Ciencia y Salud dice: “Son coherentes quienes, velando y orando, pueden ‘correr, y no cansarse; ... ca­minar, y no fatigarse’, quienes logran el bien rápidamente y mantienen su posición, o lo al­canzan lentamente y no se rinden al desaliento.… Cuando esperamos pacientemente en Dios y busca­mos la Verdad con rectitud, Él endereza nuestra vereda” (pág. 254).

Mientras trabajaba para aprender a esperar pacientemente en el Amor divino y apoyarme en la fuente de toda fortaleza, empecé a ver resultados tangibles.

Tuve una clara demostración del poder sostenedor de Dios cuando me pidieron trabajar en el turno de noche por primera vez. Los pensamientos falsos y limitados que intentaban aparecer eran: “Soy una persona madrugadora. Nunca he podido mantenerme despierta por la noche. Esto es nuevo y da miedo. Nunca descansaré lo suficiente”. Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha, dirigí mi pensamiento hacia el concepto de divinidad ilimitada. Empecé a darme cuenta de que tendría todo lo necesario para hacer la obra que Dios me había llamado a hacer. Vivía en el día eterno de Dios, así que un concepto mortal del tiempo no podía interrumpir mi expresión de alegría, fortaleza y alerta. No había nada que temer.

Me inspiró aún más este pasaje de la Lección Bíblica de esa semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana: “Dios descansa en acción... El descanso más elevado y más dulce, aun desde un punto de vista humano, está en la labor sagrada” (Ciencia y Salud, págs. 519-520). 

Finalmente llegó la fecha, y fui a trabajar con una completa expectativa de libertad; y eso es exactamente lo que experimenté.

No obstante, me desperté por la mañana después de mis tres noches gratificantes con un dolor agudo en la espalda, y empecé a preguntarme qué actividad de mi ministerio nocturno lo había causado. Inmediatamente después vino el pensamiento muy claro: “No hay sensación en la materia. ¿Cómo podría haber entonces una causa para el dolor de espalda?” Esta verdad era muy evidente y basada en el trabajo metafísico fundamental que había hecho para prepararme para el turno de noche. Por  consiguiente, se afianzó de inmediato en mi conciencia, y el dolor desapareció instantánea y permanentemente.

Desde esta curación, he visto cómo crece mi trabajo de enfermera de la Ciencia Cristiana: se siente más pleno y completo. Tengo una mayor percepción de la naturaleza ilimitada del trabajo y del hermoso desarrollo que inevitablemente se produce cuando se supera el temor. He podido apoyarme en las lecciones espirituales de esta curación una y otra vez a medida que las exigencias del trabajo cambian y crecen.

Estoy muy agradecida por todos los desafíos que llevan nuestro pensamiento más allá de las limitaciones del sentido mortal, hacia la comprensión del increíble amor de nuestro Padre-Madre Dios por nosotros y por las formas en que somos guiados delicadamente en nuestro camino. Como dice el libro de los Salmos: “La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán” (37:31).

Zandréa Krysha
Jamaica Plain, Massachusetts, EE. UU.

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