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Experimentar el reino de Dios: Una posibilidad presente

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 14 de septiembre de 2026


El autor del libro del Apocalipsis escribe: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más” (21:1). 

Al citar esto en un capítulo de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras dedicado a explorar este último libro de la Biblia, la Fundadora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, explica: “Esta es la auto­ridad de las Escrituras para concluir que tal reconocimiento del ser es, y ha sido, posible a los hombres en este estado actual de existencia, —que podemos llegar a estar conscientes, aquí y ahora, de una cesación de la muerte, del pesar y del dolor—. Esto es verdaderamente un goce anticipado de la Ciencia Cristiana absoluta. Ten ánimo, querido sufridor, pues esta realidad del ser seguramente aparecerá algún día y de alguna manera. No habrá más dolor, y se enjugará toda lágrima”. Concluye: “Cuando leas esto, recuerda las palabras de Jesús: 'El reino de Dios dentro de vosotros está’. Esta consciencia espiritual es, por lo tanto, una posibilidad presente” (págs. 573-574).

¡Qué promesa! Podemos esperar ver evidencias tangibles del reino de Dios en la tierra, tal como vio el Revelador —aquí y ahora, de formas grandes y pequeñas—. Experimentar la bondad del reino de Dios es una posibilidad presente porque está dentro mismo de nosotros.

Cada vez me queda más claro que cada pequeño detalle de bien genuino en mi propia vida, mi comunidad, mi país o el mundo viene de Dios. Todo lo bueno es prueba de la presencia constante del reino de Dios. El bien no es generado por los humanos; todo lo bueno viene de Dios, que es Todo y es completamente bueno.

A veces, el bien puede aparecer de forma fragmentada, mezclado con cosas feas, como el dolor, el sufrimiento y la tristeza. Esta es una perspectiva basada en la materia, que atribuye realidad a lo opuesto de lo que Dios, el Espíritu, es y ha creado. Pero tenemos pruebas de que el verdadero universo es totalmente espiritual, completamente bueno, aquí y ahora, cada vez que somos sanados mediante la práctica de la Ciencia Cristiana: solo por medios espirituales. Tal curación es una revelación de la presencia de ese nuevo cielo y nueva tierra, donde no hay dolor, congoja, sufrimiento ni tristeza.

Cuando se le preguntó a Cristo Jesús cuándo vendría el reino de Dios, respondió: “El reino de Dios no viene con observación; ni ellos dirán: ¡Ven aquí! ¡O, mira ahí! porque, he aquí que el reino de Dios dentro de vosotros está” (Lucas 17:20, 21, KJV). Jesús demostró que podemos esperar ver evidencia de la realidad del Espíritu, Dios, en la curación, en todo momento y en todo lugar.

Hace varios años, tuve una experiencia dulce que siento que ilustra cómo podemos experimentar el reino de Dios aquí y ahora. Después de vivir varios años en una zona desértica sin salida al mar, quise mudarme y esperaba poder vivir cerca del agua. Los medios económicos para hacer realidad mi deseo parecían estar muy lejos de mi alcance. No obstante, seguía acariciando la idea de estar siempre en el reino de Dios, sin importar dónde estuviera humanamente a cada momento. 

Meses después, acepté un trabajo en la Costa Este de los Estados Unidos. Con mi enfoque en este nuevo empleo, el deseo de vivir junto al agua había quedado en segundo plano en mi pensamiento. Entonces encontré una casa que no solo cubría mis necesidades, sino que además tenía un enorme estanque justo frente a la puerta principal.

Por supuesto, Dios no conoce las minucias de nuestra experiencia humana, y este es un ejemplo modesto. Pero realmente creo que mi nuevo hogar era una evidencia exterior y tangible del reino de Dios aquí en la tierra. A través de mi percepción de la presencia eterna de Su bondad, sin importar dónde yo estuviera, un deseo preciado se convirtió muy naturalmente en parte de mi vida.

Esto no era en absoluto un intento de “visualizar” algo para que se pusiera de manifiesto. Para mí, esto era Dios abriéndome los ojos, mostrándome Su reino espiritual que yo había estado atesorando, allí mismo donde estaba. 

Jesús les dijo a sus discípulos: “Cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6). Cada recompensa de nuestro Padre celestial es prueba de Su cuidado por todos y nos asegura que cada uno de nosotros puede esperar ver esta prueba perceptible cuando oramos. No se trata de obtener cosas, sino de comprender nuestra plenitud, belleza, progreso y alegría abundantes como la expresión espiritual de Dios, que se nos revelan en formas que son significativas en nuestra experiencia diaria.

Esta expectativa se basa en una comprensión sincera de que Dios está constantemente proveyendo un bien abundante. Si lo combinamos con un esfuerzo honesto por pensar y actuar de acuerdo con la ley del bien de Dios, entonces, cuando  Le pidamos que nos muestre más de esta abundancia, veremos la realidad del bien —el reino siempre presente de Dios— manifestada de manera práctica.

La Biblia nos muestra que nada es imposible para Dios, el Espíritu, y que Sus recursos, por ser espirituales, son infinitos. Cuando un ataque de un ejército hostil parecía inminente, el sirviente del profeta Eliseo se asustó. Eliseo le mostró que no necesitaba tener miedo: “Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:17). Habían estado a salvo todo el tiempo. Y el ataque se evitó sin el uso de la fuerza militar.

Nunca es tarde para esperar ver revelaciones maravillosas sobre lo que Dios es y crea. Ni el tiempo ni la edad son un factor importante, y nunca deberíamos pensar: “¡Ya está, se acabó, ya no hay más bien para mí!” Debemos esperar ver nuevas posibilidades, renovación y un bien ilimitado en cada etapa de experiencia. La Biblia nos dice que Dios prometió a Abraham que su esposa, Sara, concebiría y daría a luz un hijo, aunque ambos ya estaban bastante avanzados en años. Y así fue (véase Génesis 17:15-17, 19; 21:1, 2). 

Me encanta que ni la edad de Abraham ni la de Sara pudieran impedir que se cumpliera la promesa de Dios. Para mí, esto ilustra este punto del capítulo “La oración” en Ciencia y Salud: “Los pensamientos inexpresados no son desconocidos para la Mente divina. El deseo es oración; y nada se puede perder por confiar nuestros deseos a Dios para que puedan ser moldeados y elevados antes que tomen forma en palabras y en acciones” (pág. 1).

Deberíamos esperar ver evidencia de la realidad espiritual, aunque sea solo un destello, allí mismo donde estamos ahora. Y cuanto más reconocemos que el reino siempre presente de Dios es la fuente de todo el bien verdadero, más bien experimentaremos. Y esto se evidenciará, por ejemplo, en curaciones físicas y en la resolución de problemas financieros, en superar rasgos negativos de personalidad, o incluso en encontrar un hogar con un estanque justo frente a la puerta.

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