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“Un informe de salud”

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 8 de octubre de 2026


Mi marido y yo fuimos invitados a pasar unos días con unos amigos en su velero. Pero yo había tenido problemas con las piernas, la cadera y la espalda, por lo que me resultaba difícil moverme; y el problema se estaba volviendo bastante agresivo. Me resultaba difícil entrar y salir del auto; sentía dolor al sentarme o mantenerme de pie, e incluso tumbarme.

Toda mi vida he sanado a través de la oración como estudiante de la Ciencia Cristiana, así que no consideré la cirugía. Crecí comprendiendo que ser creado a imagen y semejanza de Dios significa que nuestra verdadera sustancia es completamente espiritual —no en parte espiritual y en parte material— y sabía que esta comprensión trae curación. Como somos únicamente espirituales, no necesitamos arreglar un cuerpo mortal con cirugía. Lo que sí necesitamos es cambiar nuestra forma de pensar para vernos como Dios nos ve: espiritualmente.

Cristo Jesús vino para ayudarnos a vernos de esta manera, y enseñó a sus seguidores a sanar el pecado, la enfermedad y la muerte. En la Biblia leemos: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por lo siglos” (Hebreos 13:8), lo que indica que el poder sanador del Cristo incorpóreo continúa hoy.

La pregunta “¿Son reales el pecado, la enfermedad y la muerte?” es el tema de la Lección Bíblica de esta semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Incluida en la lección se encuentra esta declaración de Ciencia y Salud con la Llave de las escrituras de Mary Baker Eddy: “Un cambio en la creencia humana cambia todos los síntomas físicos y determina que un caso me­jore o empeore. Cuando se corrige nuestra creencia falsa, la Verdad envía un informe de salud por todo el cuerpo” (pág. 194). Verdad es otro nombre para Dios, por lo que es Dios quien nos informa de nuestra salud.

Como no podía dormir, pasaba las noches orando por mí misma. La oración no consiste en pedirle a nuestro Padre-Madre Dios que cambie una condición material que, en primer lugar, Ella permitió que sucediera. La oración realmente nos cambia a nosotros. Nos renueva y restaura y eleva nuestra forma de pensar para que podamos ver que nuestra naturaleza espiritual amada por Dios es perfecta y completa. Cuando ocurre este cambio, se produce la curación; no solo en el pensamiento, sino también en el cuerpo.

En su libro Escritos Misceláneos 1883-1896, la Sra. Eddy escribe: “Dejándonos llevar por la corriente popular del pensamiento mortal sin poner en duda la autenticidad de sus conclusiones, hacemos lo que otros hacen, creemos lo que otros creen, y decimos lo que otros dicen. El consentimiento común es contagioso, y hace contagiosa la enfermedad” (pág. 228).

Al leer esto, me di cuenta de que estaba lidiando con los síntomas que había oído describir por otros que habían tenido problemas similares y que habían optado por la cirugía. Sin querer, había aceptado la creencia —el informe falso— de que esta  afección era una realidad. Una cadera enferma es irreal: una mentira acerca de nuestra verdadera naturaleza espiritual, creada a imagen y semejanza de Dios.

Mientras oraba, recibí ese “informe de salud” de Dios, la Verdad. Aunque aún sentía algo de dolor, me alegré con confianza, sabiendo que el dolor no formaba parte de mi vida como linaje de Dios. Al día siguiente era sábado, y mientras empezaba a empacar para nuestro viaje, se volvió más fácil moverme. El domingo por la mañana, cuando desperté, estaba completamente libre de dolor y lista para ir a la iglesia.

Al día siguiente nos fuimos de viaje y yo estaba completamente bien. Esta curación ocurrió hace 11 años, y no he tenido más problemas con la cadera, las piernas ni la espalda. ¡Dios es bueno, y “bueno” es siempre el verdadero informe sobre nosotros como hijos e hijas de Dios!

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