En el libro de Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, ella escribió: “La honradez es poder espiritual. La falta de honradez es debilidad humana, que pierde el derecho a la ayuda divina” (pág. 453). Este pasaje me da mucha inspiración y lo valoro.
Hace unos años, contribuyó en una historia que tengo que contar. En aquel entonces, mi computadora portátil había recibido recientemente una considerable actualización en línea de una gran empresa, y yo estaba agradecida.
Poco después, al revisar mis correos, vi una factura de la empresa por el servicio que habían completado recientemente. Me sorprendió porque mi paquete técnico incluía ese servicio específico sin costo adicional. Estaba confundida, así que llamé al número que aparecía en la página. La amable voz al otro lado se disculpó y admitió que había habido un error y dijo que me devolverían el dinero, que me habían cobrado por error. El procedimiento inicial comenzó como antes, con permiso para acceder a mi computadora, esta vez para que hicieran la “corrección necesaria”.
Al observar la trayectoria del operador en mi pantalla, empecé a preguntarme por qué iba en una dirección que no tenía nada que ver con devolver dinero —en cambio, parecía dirigirse hacia mis archivos personales—. Oré para saber qué hacer porque la persona ahora tenía el control de mi computadora. No podía permitirme tener miedo, pero tenía que saber que la Mente divina, la verdadera inteligencia, gobernaba realmente esta situación.
Me mantuve tranquila con el hombre de voz amable al teléfono. No quería aceptar la idea de que quisiera hacerme daño a mí ni a sí mismo, y oré para saber que ambos estábamos abrazados por nuestro divino Padre-Madre Dios, todo-armonioso, que nos guiaba.
No obstante, fue bastante claro que buscaba otro material en mi computadora. Antes de que abriera la última carpeta de mis archivos personales, traté de cerrar la ventana que él estaba usando, pero no encontré forma de hacerlo. En cambio, empecé a tratar de obstaculizar su progreso. Por ejemplo, cuando me dijo que pulsara “Permitir”, hice clic en “Negar”. Me preguntó si estaba haciendo algo de mi parte. Le dije: “Sí”, y que no quería que siguiera adelante. Trató de asegurarme que realmente estaba intentando llegar al lugar en el que pudiera conseguirme el dinero que habían tomado y devolverlo. Entonces tendría que firmar una autorización. Eso sonaba aún más amenazante. Todo este tiempo estuve orando por la guía reconfortante y segura de Dios y para ver al hombre como el verdadero hijo perfecto de la creación de Dios.
Se podría decir que había literalmente una batalla en línea entre nosotros. Esta experiencia era algo bastante nuevo para mí, ya que mis conocimientos tecnológicos son bastante limitados. Pero sabía que estaba siendo guiada divinamente.
Colgué suavemente el teléfono y entonces sentí la necesidad de apagar la computadora. El hombre al teléfono volvió a llamar y preguntó qué había hecho porque ya no podía ver mi pantalla. Repetí que no confiaba en lo que estaba pasando. Me dijo: “Simplemente enciende tu máquina” y que él se encargaría a partir de ahí. Colgué el teléfono con cuidado y no volví a encender la computadora.
Luego llamé directamente a la empresa con el número que tenía en mis registros y expliqué lo que había pasado. Una señora confirmó que era una estafa. Me dio una cita para la siguiente hora y llevé mi computadora a una tienda para hacerle un servicio informativo y protector. El técnico no encontró nada amenazante y me elogió por actuar así. El señor dijo que había “esquivado las balas de problemas muy reales”. Me felicitó por mis rápidas reacciones y sugirió que cambiara la contraseña tanto de la computadora como del móvil, cosa que hice.
En Ciencia y Salud leemos: “Los desafíos son pruebas del cuidado de Dios” (pág. 66). También se nos recuerda que debemos permitir que el modelo del hombre perfecto de Dios permanezca constantemente en nuestros pensamientos.
La primera línea de la interpretación espiritual del Padre Nuestro tal como se encuentra en Ciencia y Salud es: “Nuestro Padre-Madre Dios, todo-armonioso” (pág. 16). En mi opinión, el modelo perfecto incluye que Dios no solo es mi protector, sino también mi proveedor: un Padre fuerte, intrépido, omnipotente, omnisciente y omnipresente. También veo a Dios como mi Madre amorosa, tierna, gentil, paciente, reconfortante, alentadora, que brinda alegría y que asegura la salud. Dado que mi divino Padre-Madre incluye todas estas cualidades eternas, yo y todos Sus hijos hemos heredado las mismas características inmutables. El error, en cualquier forma, incluido el de lo que pueda parecer intrigante, no tiene poder para cambiar aquello que es otorgado divinamente. Dios nunca hizo a un tramposo.
Esta experiencia me hizo tomar conciencia de que necesitaba hacer un trabajo de oración sobre las estafas y la deshonestidad. Mientras reflexiono sobre estas verdades espirituales, deseo sinceramente darme cuenta a diario de que Dios nunca, jamás, hizo a una persona deshonesta o tramposa. Oro para mantenerme alerta ante una posible estafa y que Dios me guíe para protegerme adecuadamente, y que otros sientan que el amor de Dios los guía también. Jesús dijo: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37).
Dios bendice a todos. Y dicha bendición puede incluso sanar a un posible estafador. Para concluir, otra cita muy apreciada de Ciencia y Salud es una norma para mí: “Debemos formar modelos perfectos en el pensamiento y mirarlos continuamente, o nunca los esculpiremos en vidas grandes y nobles. Dejemos que el altruismo, la bondad, la misericordia, la justicia, la salud, la santidad, el amor —el reino de los cielos— reinen en nosotros, y el pecado, la enfermedad y la muerte disminuirán hasta que finalmente desaparezcan” (pág. 248).
