Durante unas vacaciones de verano cuando era muy pequeño, contraje un caso grave de roble venenoso y desarrollé un sarpullido en gran parte del cuerpo. Normalmente, las personas que eran afectadas por el roble venenoso cubrían el sarpullido con loción de calamina para aliviar la picazón y las ampollas, pero mis padres no me aplicaron ninguna loción ni pomada. Estoy seguro de que, como habían confiado con éxito en la Ciencia Cristiana para todas las necesidades de salud de nuestra familia, en cambio, llamaron a un practicista de la Ciencia Cristiana para que me diera tratamiento mediante la oración.
En aquella época, era común que la gente fuera y viniera aun con síntomas de roble venenoso, ya que no se considera contagioso. En mi caso, el sarpullido apareció a principios de una semana, y el domingo siguiente, como de costumbre, mis padres fueron a la iglesia y yo, a mi clase de la Escuela Dominical. Ellos y yo anhelábamos la elevación espiritual y la curación que vienen al escuchar y reflexionar sobre las ideas de las Lecciones Bíblicas semanales que se encuentran en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Para no preocupar demasiado a los demás alumnos de la Escuela Dominical, mis padres se aseguraron de que mi ropa cubriera la mayor parte del sarpullido, dejando solo la cara y las manos expuestas. La magnitud del sarpullido no era evidente.
Al final de la Escuela Dominical esa mañana, me fui completamente sano. Las ampollas y áreas en carne viva habían sido reemplazadas por piel sana, y toda la picazón había desaparecido.
Estoy extraordinariamente agradecido por esa maestra de la Escuela Dominical. A pesar de la imagen que yo presentaba, supongo que ella tenía en su pensamiento mi perfección como creación de Dios. Como demostró Cristo Jesús, cuando tenemos una comprensión firme de nuestra total identidad espiritual, creada a imagen y semejanza de Dios, esto trae curación.
La Biblia y el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, revelan que la verdadera existencia es espiritual y, por lo tanto, no es afectada por las condiciones físicas ni las creencias basadas en la materia acerca del cuerpo. También nos dicen que esta comprensión sana a los enfermos. Como enseña Ciencia y Salud: “Toma consciencia por un solo momento de que la Vida y la inteligencia son puramente espirituales —ni están en la materia ni son de ella— y el cuerpo entonces no proferirá ninguna queja” (pág. 14).
Kirk Lindsay
Amador City, California, EE. UU.
