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¿Hacer nuestro trabajo, o tener una buena charla con el diablo?

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 18 de mayo de 2026


La mayoría de los pastores, teólogos y maestros de la Escuela Dominical recomiendan una saludable “dosis” diaria de estudio bíblico. Conocen el poderoso efecto sanador que tienen las Escrituras en la vida de la gente. Mary Baker Eddy, la Fundadora de la Ciencia Cristiana, también lo sabía. Ella era una profunda estudiante de la Biblia, sacó a la luz el significado espiritual de las Escrituras. Y fue debido a su gran amor por la inspirada Palabra de la Biblia —especialmente las enseñanzas de Cristo Jesús— así como por su humildad y tierno amor por la humanidad, que escribió: “Lo que pensamos de la Biblia se refleja en nuestra vida” (Mensaje a La Iglesia Madre para el año 1902, pág. 4).

Cuando las verdades espirituales y la guía que se encuentran en la Biblia se comprenden y se ponen en práctica a diario, brillan en nuestro corazón y en nuestras vidas. Nos enseñan a ser hermanos o hermanas en Cristo: a ser caritativos y compasivos. También nos alertan al hecho de que el mal, el odio y el juicio falso son errores. Pero el tema principal de la Biblia es la bondad de Dios y el poder de Dios, el bien, sobre el mal. Las Escrituras nos muestran la impotencia del mal, incluso su nada, ante la totalidad de Dios. 

Pero quizá hayas sentido un pensamiento persistente que susurra: “Estoy demasiado ocupado para leer, estudiar y orar”. O ese pensamiento tan farisaico y malicioso que dice: “Estoy orando todo el día; no tengo que dejar lo que estoy haciendo; ¡siéntate y cállate!” O esto: “Oraré más tarde, después de hacer unos mandados, hacer algunas llamadas y responder a mis correos”. Y entonces ese “después” nunca llega, y desearíamos haber empezado el día con un estudio espiritual sólido y una oración silenciosa.

La Sra. Eddy escribe: “La Biblia contiene la receta para toda curación” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 406). La receta para la curación que se encuentra en las Escrituras está respaldada por la elucidación de la ley espiritual que se encuentra en el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud. De manera que ambos van de la mano como pastor de La Iglesia de Cristo, Científico. 

La receta para la curación requiere la comunión con Dios como ingrediente clave de nuestra experiencia. Esta comunión, u oración científica, abre nuestro pensamiento y vida a la comprensión espiritual de la relación inseparable del hombre con Dios, y esta consciencia espiritualizada elevada lleva a nuestras propias curaciones individuales. También bendice a todos aquellos en los que pensamos. Cuando nuestros corazones arden con el Amor divino, Dios, podemos inspirar y sanar a otros. La comunión diaria con Dios aporta serenidad espiritual, la cual nos prepara para responder a las necesidades de otros con el tratamiento de la Ciencia Cristiana cuando se lo solicita y puede incluso llevar a curaciones instantáneas.

Lo opuesto a esta consciencia benevolente y espiritualizada es una supuesta mente opuesta a la Mente divina infinita, Dios: la llamada mente mortal o carnal, que descansa sobre la materia y busca placer y experiencia en la materia. Atraída por el materialismo y el sensualismo, la mente mortal manifiesta apatía y torpeza, lo que a su vez resulta en una falta de alegría o entusiasmo por el estudio y la oración. Querría que pusiéramos a Dios, el Espíritu, al final y al materialismo primero, como si tuviera el poder de ir contra Dios.  

El magnetismo animal, el efecto hipnótico de la mente carnal, nos impediría orar y estudiar. Puede que susurre que, puesto que la Verdad es real, no tenemos que hacer nada; que la curación se producirá automáticamente o, con el tiempo, cuando tengamos una mentalidad lo suficientemente espiritual, cuando le dediquemos suficiente tiempo, o cuando “merezcamos” ser sanados. Este susurrador mentiroso nos cerraría los ojos al hecho de que tenemos mucho que hacer como reflejo o imagen de Dios. 

Es imprescindible que nos opongamos mediante la oración contra la visión del mundo respecto a los placeres y dolores de la materia. Solo mediante un tratamiento específico de la Ciencia Cristiana, un razonamiento científico basado en las leyes de Dios tal como se encuentran en las Escrituras, podemos elevarnos espiritualmente y destruir la pretensión errónea de que la apatía, la incertidumbre o la percibida falta de capacidad es más poderosa que Dios, el bien. 

Quizá el mayor culpable sea la propia creencia engañosa de que estamos haciendo el trabajo necesario, cuando en realidad no es así. 

Martha Wilcox, una de las primeras estudiantes de la Ciencia Cristiana, tuvo que aprender esto. Una vez, como miembro de la casa de la Sra. Eddy y de su personal, le asignaron un problema que resolver mediante la oración. Martha escribió en su reminiscencia: “Tenía el gran deseo de demostrar la realidad que tenía entre manos, así que trabajé la mayor parte de la noche. 

“Por la mañana, [la Sra. Eddy] me llamó y me dijo: ‘Martha, ¿por qué no hiciste tu trabajo?’ Le respondí: ‘Madre, lo hice’. Ella dijo: ‘No, no lo hiciste, tuviste una buena charla con el diablo. ¿Por qué no reconociste la totalidad de Dios?’ Le dije: ‘Madre, lo intenté’. Y su respuesta fue: ‘Bueno, si Jesús simplemente lo hubiera intentado y fracasado, hoy no tendríamos la Ciencia’. Entonces mandó colgar una tarjeta en el interior de la puerta de mi habitación, en la que estaba escrito en letras grandes: 'La fe sin obras está muerta'. Miré esa tarjeta durante dos semanas” (We Knew Mary Baker Eddy, Expanded Edition, Vol. 1, p. 477).

Puede que esa haya sido una lección dura, pero el mensaje se transmitió: No hables simplemente acerca del error (lo opuesto a la verdad espiritual) ni al error. Levántate espiritualmente en oración para saber que Dios es Todo-en-todo y así derrotas al error y sus falsas pretensiones. 

Hacia finales de 2024, una amiga estaba sufriendo mucho, así que llamó a un practicista de la Ciencia Cristiana para que orara por ella. Pasaron varias semanas sin muchos cambios, pero durante ese tiempo, mi amiga empezó a estudiar solo la Biblia y Ciencia y Salud. A través de su oración y estudio, se dio cuenta de que no había estado orando específicamente por ella misma. Había estado leyendo, escuchando grabaciones de audio y hablando con un practicista, pero no se había estado dando un tratamiento de la Ciencia Cristiana. Al darse cuenta de esto, empezó de inmediato a darse un tratamiento para comprender la irrealidad de la mente mortal. 

Después de un par de días, estaba completamente sana. ¿Por qué? Porque había negado que el mal funcionamiento y el dolor tuvieran alguna realidad y afirmado conscientemente la verdad de su unidad con Dios, basándose en su estudio de la Biblia y de Ciencia y Salud. 

Este tipo específico de trabajo de oración debe realizarse a diario. Si lo que ocurre a nuestro alrededor solo recibe nuestro esfuerzo físico —sin nuestros esfuerzos mentales y espirituales— entonces no estamos alcanzando el nivel de un verdadero trabajo científico.

La Sra. Eddy aconseja en Ciencia y Salud: “Lean este libro desde el comienzo hasta el fin. Estúdienlo, medítenlo” (pág. 559). ¿Por qué? Porque, junto con el estudio de la Biblia, sana. Y junto al título marginal “El efecto de este libro”, escribe: “Si el lector de este libro observa una gran conmoción a través de todo su organismo, y ciertos síntomas morales y físicos parecen agravarse, estos indicios son favorables. Que continúe leyendo, y el libro vendrá a ser el médico, calmando el estremecimiento que la Verdad a menudo produce sobre el error cuando lo destruye” (pág. 422).

Este trabajo de estudio y oración en la Ciencia Cristiana es alegre, edificante y desafiante. Es dar testimonio de que el Amor divino, Dios, llena todo el espacio. Es reconocer que el Amor descansa sobre todos; que el Amor destruye el error y el dolor y reduce el error a su nada nativa. Está demostrando que “el hombre es la imagen y semejanza de Dios; todo lo que es posible para Dios, es posible para el hombre como reflejo de Dios” (Mary Baker Eddy, Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 183). 

La Biblia está llena de relatos de la bondad de Dios que supera todo tipo de males. La Biblia y su compañero, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, nos alientan. Nos bendicen. Nos sanan.

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