¡Por fin, la tan esperada entrevista de ciudadanía había terminado! Debido a los cambios en el sistema de inmigración, el tiempo entre solicitar la ciudadanía estadounidense y recibir el aviso para programar una entrevista había sido bastante largo. Lo que no podía imaginar era que la parte del proceso que siguió a la entrevista tomaría aún más tiempo.
Desde que envié mi solicitud, había estado centrando mis pensamientos en Dios, el Espíritu y el cuidado que brinda a Sus hijos. Escuchaba para saber qué necesitaba aprender y qué me estaba revelando el Espíritu sobre mi verdadero hogar y ciudadanía. Me aferraba a la verdad de que todos somos hijos de Dios y que nuestro verdadero hogar y ciudadanía son espirituales y están en el reino de Dios.
Después de la entrevista, el paso final era asistir a la ceremonia de juramento. Antes de los cambios mencionados anteriormente, el aviso con la fecha, el lugar y la hora de este evento se tendría que haber enviado en un plazo de 24 horas desde la entrevista. Pero pasaron 24 horas; seguidas de días, semanas y luego meses sin que tuviera noticia alguna. Todo este tiempo, oraba con dedicación. Fue sumamente difícil no sentir que estaba en un limbo o que la mayoría de mis actividades se veían obstaculizadas o retrasadas por esta situación.
No podía hacer planes de viaje, especialmente fuera de los Estados Unidos. Además, estaba vendiendo mi casa y planeando mudarme a otro estado. Pero si me mudaba antes de finalizar mi ciudadanía, tendría que notificar a la oficina de inmigración mi nueva dirección, lo que podría alterar todo el proceso y retrasar aún más la fase final.
Oré con este pasaje de la Biblia: “No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. … no temáis ni desmayéis” (2 Crónicas 20:17). Esto me resultó reconfortante y fortalecedor. Necesitaba la garantía de que, sin importar lo que pareciera la situación desde un punto de vista humano, la batalla no era mía; Dios controla mi vida, y la de todos.
La siguiente vez que consulté la página web de la oficina de inmigración, fue alentador ver que el tiempo de espera para la ceremonia de juramento había mejorado significativamente. Siguió haciéndolo durante los días siguientes, hasta que de repente se movió dos meses hacia atrás. Fue entonces cuando supe que tenía que abordar este problema con una oración más dedicada. Recuerdo que dije en voz alta: “¡Ya basta! La incertidumbre y el miedo no controlan mi vida. ¡Mi Padre-Madre Dios lo hace!”
Me comuniqué con una practicista de la Ciencia Cristiana y le pedí que orara y apoyara mis oraciones. Ella respondió de inmediato: “¡Encantada de orar! No hay ningún limbo”. Procedió a afirmar con autoridad la verdad espiritual de que sin importar cómo se presentara la situación, solo hay una Mente, Dios, y esa Mente es omniacción. Ella dijo que esto significaba que no podía haber retraso ni interferencia en la acción de Dios. Además, me recordó que Dios, el bien, gobierna toda la creación y los sistemas, incluido el sistema de inmigración, y que el desarrollo de las actividades de Dios prosigue sin dificultad.
Después de recibir esta comunicación de la practicista, estuve en paz. Sentí el abrazo amoroso y tranquilo de Dios. Supe en ese momento que todo estaba y saldría bien. Un peso enorme se había quitado de encima de mis hombros mentales y ya no me sentía sola. Todo el estrés simplemente se desvaneció. También sabía que esta oración sanadora me beneficiaría no solo a mí, sino a muchas personas en todo el mundo. Oré para saber que todos podían encontrar un sentido seguro de hogar dondequiera que estuvieran.
Al día siguiente, revisé mi correo electrónico y allí estaba: ¡un aviso con la fecha y hora de mi ceremonia de juramento! Se celebraría en unas tres semanas. Llena de asombro, tuve que hacer una pausa para comprender lo que estaba pasando. A continuación, lágrimas de alegría y gratitud rodaron por mi rostro. Le envié un correo electrónico a la practicista con la buena noticia, y ambas nos regocijamos y proclamamos lo bueno que es Dios.
El día de la ceremonia, recibí un mensaje dulce de la practicista asegurándome que me estaba apoyando. Mi hija y su amiga vinieron a celebrar conmigo. Muchísima gente de todo el mundo se uniría a mí para convertirse en ciudadana de los Estados Unidos. Todos nos sonreíamos el uno al otro. Sentí la presencia de Dios y recuerdo haber pensado para mí misma: “En verdad, Dios está en esta sala, y ya sea que todos se den cuenta o no, esta ceremonia es una celebración, la sensación de regresar a casa, para todos nosotros”.
También comprendí que esta actividad no estaba ocurriendo tan solo en ese lugar o ni siquiera en los Estados Unidos. Había muchas bienvenidas similares para nuevos ciudadanos en países de todo el mundo. Esto me recordó la perspectiva más elevada y espiritual de hogar como el hallazgo de nuestro “hogar y nuestro descanso celestial”, como escribió la Sra. Eddy en su poema “Oración vespertina de la madre” (Escritos Misceláneos, pág. 389, según versión en inglés); y como lo capturan estas dulces palabras de un himno que describe el hogar como “el don de la gracia de Dios, cada día y cada hora” (Rosemary C. Cobham, Christian Science Hymnal: Hymns 430-603, Himno 497).
Después de la ceremonia, di gracias a Dios con humildad. Expresé gratitud por la misión sanadora de Cristo Jesús y por el obsequio de la Ciencia Cristiana, que nos revela la comprensión de la verdadera ciudadanía espiritual de todos y la libertad que conlleva esta comprensión. También agradecí a Dios por la labor de los practicistas de la Ciencia Cristiana, que tan desinteresadamente están disponibles para orar siempre que sea necesario.
Mi incertidumbre sobre si debía mudarme a otro estado se evaporó y fue reemplazada por una sensación tan clara de hogar que me sentí completamente contenta de quedarme en el estado donde ya vivía.
Es una alegría saber que la oración cristianamente científica, siempre y donde sea que se ofrezca, abraza y bendice a todos. Qué bendición fue tener esta oportunidad de demostrar el amor de Dios por su familia universal.
Polly Kimani
Chestnut Hill, Massachusetts, EE.UU.
