¿Cómo actuamos cuando, de forma inesperada, aparece un león metafórico listo para atacarnos? Una vez tuve que enfrentarme a uno en forma de un problema auditivo.
Tenía grandes dificultades con la audición. Parecía que un oído estaba obstruido. Sané de inmediato por medio de la oración —mediante la aplicación práctica de las verdades espirituales que Cristo Jesús enseñó— y entonces pude volver a oír sin ningún impedimento. No obstante, el problema volvió mucho más agresivamente, al punto de que no podía oír nada en absoluto. También me molestaba un zumbido fuerte en un oído.
Sabía que esta condición discordante no formaba parte de la totalidad de Dios, y que yo, por ser un reflejo de la Mente perfecta, solo podía reflejar y expresar la perfección divina. Consciente de que no me podían obligar a aceptar una mentira del sentido material, pensé: “Bien, esta es una buena oportunidad para poner en práctica el poder sanador de la Ciencia Cristiana, que siempre está disponible”.
En el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, encontré el siguiente pasaje: “La vista, el oído, todos los sentidos espirituales del hombre, son eternos. No pueden perderse. Su realidad e inmortalidad están en el Espíritu y en la comprensión, no en la materia, —de ahí su permanencia—” (pág. 486).
Tuve que profundizar en mi comprensión de mi identidad como idea de Dios, que es individual, completa, perfecta y espiritual. Entonces recordé una situación familiar en la que uno de mis tíos se había quedado completamente sordo y era objeto de burla por parte de otros miembros de la familia. Imaginar que me pasara una situación así no era nada agradable. Pero reconocí que este error no podía manifestarse en una idea de Dios, la Verdad. Esto me alertó sobre lo que había detrás de mi dificultad auditiva: el “león” del temor acerca de esta condición fue puesto al descubierto y completamente eliminado.
En la Biblia, Dios niega el proverbio: “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera” (véase Ezequiel 18:2, 3). En la Ciencia Cristiana, aprendemos que no existe una ley de la herencia; y entendí claramente de este pasaje la necesidad de estar alerta a esto puesto que es una imposibilidad bajo la ley de Dios, el Espíritu, el bien.
¡Eso es! Al haber eliminado el miedo subyacente, el resultado solo podía ser la curación. En pocos meses, todo volvió a la normalidad y recuperé mi audición por completo y era perfecta. Esto ocurrió hace más de cinco años y no ha habido ninguna recurrencia del problema.
Cuando seguimos con humildad y obediencia la voluntad de nuestro Dios, nuestro Padre-Madre, suceden cosas buenas; de maneras mucho mejores de lo que podemos imaginar y sin ninguna interferencia humana o material. Los “leones”, o falsedades temibles, no son creaciones divinas. Dios no los conoce, y tenemos autoridad divina para someterlos como Jesús hizo a través del Cristo, que vive y permanece con nosotros para siempre.
Mantener una vigilancia diaria sobre nuestro pensamiento nos ayuda a lograrlo. Como aconseja la Biblia: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).
Miguel de Castro
Río Grande do Sul, Brasil
