En momentos en que la situación económica se torna difícil, podemos acudir de todo corazón a Dios. Como promete la Biblia, “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8). La Biblia también nos enseña dónde confiar: “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios” (2 Corintios 3:4, 5). Y la Descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, explica cómo funciona esto: “Dios os da Sus ideas espirituales, y ellas, a su vez, os dan vuestra provisión diaria” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 307).
Durante el verano de 2020, nuestra familia tuvo una maravillosa prueba de cómo Dios provee exactamente lo que necesitamos en el momento en que lo necesitamos. Nuestra hija iba a cursar su último año en una universidad local y necesitaba un coche para llegar al campus. Habíamos estado buscando, pero aún no habíamos encontrado ninguno.
Había estado orando con una idea útil que un practicista de la Ciencia Cristiana compartió conmigo: que bajo la ley de Dios, la necesidad y la provisión se unen para el bien universal. Entonces me sentí inspirada a leer un artículo escrito para el Journal hace muchos años por uno de los primeros trabajadores del movimiento de la Ciencia Cristiana, Irving Tomlinson. En el artículo titulado “The scientific plan of abundance” (October 1936), el Sr. Tomlinson señaló que Cristo Jesús dijo: “He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). El autor también observó que “la naturaleza de Dios es dar, y el hombre, por ser Su reflejo, expresa la misma naturaleza al dar”.
Poco después, recibimos la llamada de un amigo, que nos dijo que acababa de comprar un coche nuevo y que buscaba un buen hogar para el viejo. Nos contó que él y su esposa habían orado por ello y que nuestra familia no dejaba de venirles al pensamiento, así que ¿necesitábamos un coche? ¡Sí! El coche que nuestros amigos le regalaron a nuestra hija era perfecto para ella y estuvo disponible justo antes de que empezaran sus clases en agosto.
No les habíamos dicho a estos amigos que buscábamos un coche, ¡pero Dios sí! Este generoso regalo fue para nosotros una gran prueba de que Dios realmente une la necesidad y la provisión para el bien universal.
