Hace dos veranos, mi hija de diez años sanó de verrugas. Los crecimientos parecían persistentes y se habían extendido a muchos lugares de su cuerpo. Cuando la condición no cedió ante las inmediatas oraciones de mi marido y mías, llamamos a un practicista de la Ciencia Cristiana para que le diera tratamiento.
Después de la llamada con el practicista, muchas ideas útiles me vinieron a la mente y me inspiraron. Un pensamiento claro era que esta niña era la hija de Dios y que tenía la capacidad de escuchar no solo a sus padres humanos, sino a su verdadero Padre —su eterno Padre-Madre— y de amar y conocer a Dios. Compartí esto con el practicista y oramos para saber que nuestra hija era la expresión del Amor divino y estaba en completa armonía con su Padre-Madre. Nos aferramos a la idea de que solo estaba influida por el amor y quería ser buena y obediente a lo que era correcto.
A medida que avanzaba el verano, mi hija y yo pasamos mucho tiempo en la piscina comunitaria. Al observarla en la piscina, me costaba mucho ver más allá de la imagen engañosa de los sentidos físicos y reconocer la pureza y bondad innatas de nuestra hija, libre de cualquier imperfección desfigurante.
Un día, mientras ella tomaba clases de natación, volví mi pensamiento completamente a Dios. Solo quería saber lo que Dios sabía y veía sobre Su universo. Mientras oraba en silencio, todo sentido de vida material se desvaneció y sentí una profunda paz. Me senté y disfruté de este hermoso momento durante el resto de la clase.
Ese fue el momento decisivo. Las luchas mentales terminaron y sentí que el Amor divino me guiaba hacia un sentido más elevado de la identidad espiritual de mi hija como hija de Dios.
En algún momento en los próximos uno o dos meses, me di cuenta de que las verrugas habían desaparecido. La curación fue tan completa que ni siquiera quedaba rastro de la enfermedad —ni cicatriz ni marca—. La curación ha sido permanente y ha sacado a relucir en mi hija su receptividad natural al bien y una mayor conciencia de su relación con Dios. Como resultado de esta curación, ella empezó a pedir leer la Lección Bíblica descrita en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana, algo que antes de esta experiencia se resistía a hacer.
Estoy muy agradecida a Dios por Su amor y cuidado omnipresentes hacia cada uno de Sus hijos.
Jamie Osborne
Natick, Massachusetts, EE. UU.
