Hace años, comencé a entender que Dios es la fuente de todo lo bueno y satisface nuestras necesidades humanas. Pequeñas y luego más desafiantes necesidades surgieron en mi vida, pero la oración me ayudó a experimentar que la ley de la armonía y la provisión de Dios es constante e invariable.
Al aplicar la Ciencia Cristiana, he comprobado que debo empezar por reconocer que una necesidad ya se está satisfaciendo, conforme a estas palabras del libro de texto de la Ciencia Cristiana: “La Ciencia revela la posibilidad de lograr todo lo bueno y pone a los mortales a trabajar para descubrir lo que Dios ya ha hecho” (Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 260).
La provisión divina va mucho más allá de lo que la percepción humana capta. La provisión viene de una única fuente —nuestro Padre-Madre Dios, el Amor divino— y puesto que nosotros, por ser Sus ideas, Lo reflejamos, todo lo que satisface nuestras necesidades es inherente a nosotros de forma permanente. Es importante evaluar nuestros pensamientos para entender lo que buscamos. ¿Buscamos objetos físicos, o la comprensión de que la armonía y el cuidado de nuestro Padre están siempre presentes en nuestra experiencia?
En la multiplicación de los panes y los peces, Cristo Jesús, por compasión, no quiso despedir a la multitud sin antes alimentarlos. Aunque los discípulos decían que sería imposible alimentar a esa multitud con tan pocos panes y peces, leemos en la Biblia que Jesús “tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud”.
Al dar gracias, Jesús mostró su confianza en la presencia del Amor divino y su abundante cuidado, lo que, a su vez, le permitió demostrar la fuente divina e infinita de provisión, disponible para todos. De hecho, se alimentó a más de cuatro mil personas y se recogieron siete cestas llenas de lo que sobró (véase Mateo 15:32-38).
Orar con estas ideas me resultó muy útil cuando apareció una fuga en una pared de mi dormitorio. El contratista que trabaja en mi edificio abrió la pared y reemplazó el trozo de tubería que estaba goteando, pero me advirtió que la tubería era vieja y ya mostraba varias señales de desgaste.
En ese momento, solo hice esa reparación específica, ya que no parecía posible incurrir en más gastos. Sin embargo, unos seis meses después apareció otra gotera en la misma pared, un poco a un lado. Le dije al contratista: “Dios nos da sabiduría, y romper la pared cada pocos meses para reemplazar solo un trozo de tubería no es prudente”. Entonces, empezó a reemplazar todas las tuberías de agua caliente del baño que podrían causar una fuga en mi dormitorio.
Esta era una oportunidad para ver lo que Dios ya había hecho. Como leemos en Ciencia y Salud: “¿Le pediremos al Principio divino de toda bondad que haga Su propio trabajo? Su obra está hecha, y sólo tenemos que valernos de la regla de Dios con el fin de recibir Su bendición, la cual nos capacita para ocuparnos en nuestra propia salvación” (pág. 3). La regla de Dios, o ley, es que toda la provisión, recursos y sabiduría que necesitamos ya están —siempre— presentes. Solo tenía que comprender y aceptar esta verdad espiritual para “recibir Su bendición”, es decir, en este caso, para presenciar una resolución armoniosa del problema que enfrentaba.
Esa misma semana, una persona me preguntó si podía darle clases particulares de inglés a su hija durante unas semanas. Acepté y me alegré, ya que lo que me pagarían por las clases sería exactamente la cantidad necesaria para las reparaciones de las tuberías. Estaba realmente agradecida de ver cómo se manifestaba la provisión del Amor. Todo se estaba resolviendo de una forma económica y sabia, pero de maneras inesperadas.
Días después de que comenzaran los trabajos, se descubrió que la plomería de agua caliente de toda mi casa estaba en mal estado y necesitaba ser reemplazada. Esto supondría un aumento considerable de los gastos que entrañaba. Confieso que en ese momento estaba un poco aprensiva, pensando nuevamente que tal vez no podría pagar los gastos. Por otro lado, ya empezaba a comprender mejor que Dios, no yo, era la fuente de mi provisión. Esta comprensión me trajo alivio y confianza, y pude hacer todos los pagos necesarios.
En la Biblia, leemos estas palabras de Pablo: “Dios puede hacer que abunde toda gracia hacia ti; para que vosotros, siempre con toda suficiencia en todo, abundéis en toda buena obra” (2 Corintios 9:8, KJV). Dios es completo. Por ser Su expresión, somos enteros, completos. Y, dado que la escasez no forma parte de la Vida, Dios, no puede formar parte de nuestras vidas.
Apoyándome en esta comprensión espiritual, autoricé la sustitución de todo el sistema de cañerías de mi casa y comencé a investigar diseños arquitectónicos más sabios, bonitos, económicos y funcionales.
Pronto, la madre de mi estudiante de inglés me pidió que le diera más clases por semana durante un periodo más largo. Además, unas semanas después, un familiar mío se ofreció a ayudar pagando la mitad de los gastos. Esta actitud era inusual en él. Le agradecí su generosidad, reconociendo su acto como una evidencia de que la provisión que Dios nos da fluye constantemente de la ley de provisión de Dios, no de una persona.
Mis hijos y yo estamos muy agradecidos por la renovación de nuestro hogar, pero aún más agradecidos por haber reconocido la bondad y la constancia del Amor divino en nuestras vidas. Estoy segura de que esto fue más que una bendición personal, porque resultó de la ley del Amor, que siempre está vigente para cada uno de nosotros como hijos de Dios.
Taissa Goebel
Río de Janeiro, Brasil
