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Si te sientes presionado a tomar una decisión

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 23 de febrero de 2026


Las decisiones empiezan desde el momento en que nos despertamos, ya sea que optemos por pulsar el botón de la alarma para dormitar o levantarnos de la cama. Y no se detienen ahí. Elegimos qué ponernos, qué comer y otras cosas como si debemos llevar el almuerzo o comprarlo. 

Cada decisión a lo largo del día parece generar presión para asegurarnos de que tomamos la “mejor”. Pero a través de mi estudio de la Ciencia Cristiana, he llegado a comprender que la toma de decisiones no tiene por qué ser estresante. Cuando recurro a Dios, el bien, y Lo escucho, no tengo que luchar para tomar la “mejor” decisión, porque sé que me guía el bien infinito y la inteligencia infinita. 

Fue en este momento que aprendí eso: Una noche, estaba sentada en el porche de mis abuelos en las montañas escuchando en línea la reunión de testimonios que celebraba mi iglesia cada semana. Esta reunión ofrece a quienes asisten la oportunidad de escuchar lecturas inspiradoras y compartir nuestras propias experiencias de curación espiritual. 

En ese momento, tenía que tomar varias decisiones, cada una de las cuales parecía que debía ser perfecta. No me sentía en paz con ninguna de ellas. 

A menudo le doy demasiadas vueltas a las decisiones. A veces son cosas pequeñas, como qué blusa comprar o si salir un viernes por la noche. Y a veces son cosas más grandes que parecen más abrumadoras. Incluso cuando les pido ayuda a otros para decidir, no puedo evitar el hecho de que, al final, depende de mí. Me pregunto si estoy tomando la decisión correcta y me preocupa arrepentirme de lo que he elegido.

Aquella noche, la persona que dirigía la reunión de testimonios compartió algo que cambió mi perspectiva. Leyó esta declaración de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “Cuando esperamos pacientemente en Dios y busca­mos la Verdad con rectitud, Él endereza nuestra vereda” (Mary Baker Eddy, pág. 254).

Eso me ayudó a darme cuenta de que no necesitaba averiguarlo todo por mi cuenta. No necesitaba entrar en pánico por la posibilidad de tomar la decisión equivocada. Mi trabajo era recurrir a Dios, estar quieta, escuchar y confiar. La paz que había estado anhelando no vendría de conocer todas las respuestas; venía, en cambio, de saber que yo no era la responsable de encontrar las respuestas en primer lugar. Dios es del todo bueno y ya me está proporcionando exactamente lo que necesito.

Desde que tengo esa perspectiva, he abordado la toma de decisiones de forma diferente. Antes de decidir, hago una pausa y oro, afirmando en silencio que Dios es omnisciente y que, como expresión de Dios, reflejo Su sabiduría. 

Este cambio me ha ayudado a sentirme tranquila, incluso cuando el camino por delante parece poco claro. A veces todavía siento que me atraen en diferentes direcciones, pero he aprendido que cuando realmente escucho, no tengo que forzar una elección. La idea correcta siempre llega, ya sea tan pequeña como qué ponerte o tan grande como la universidad a la que asistir. Y reconozco esa idea cuando la escucho porque viene acompañada de una sensación de paz.

Comprender que Dios me gobierna, y que no estoy presionada por las opiniones humanas o la incertidumbre, ha cambiado la forma en que abordo muchas cosas. La Ciencia Cristiana nos muestra que nunca estamos fuera de sintonía con la guía divina. Siempre estamos en nuestro lugar correcto, con los pensamientos correctos, porque como expresión de Dios, somos uno con Él.

Las decisiones seguirán llegando. Pero ahora, en lugar de verlas como una fuente de presión o estrés, las veo como oportunidades para escuchar y seguir el camino que Dios, el Amor, ya me está trazando. Y ese es un camino en el que siempre puedo confiar.

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