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Supera inseguridad en su carrera

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 9 de marzo de 2026


“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú” (Salmos 139:7, 8).

A veces quizá sintamos que estamos sumidos en lo más profundo de la desesperación, no orando ni pensando en Dios, sino preocupándonos por una situación. Esto me pasó hace unos años. Estaban eliminando mi puesto anterior en el trabajo debido a recortes presupuestarios. En ese momento yo estaba haciendo esa labor como una asignación temporal (una comisión de servicio) en otra parte de la empresa. Y estaba luchando. Me habían asignado un puesto como presentadora de radio encargada de los programas de negocios. Las horas eran largas, el equipo inexperto y la presión del trabajo —incluidos los ajustados plazos— me hacían dudar de mi competencia.

En el colegio, muchos años antes, me habían dicho que era disléxica, que siempre tendría dificultades para leer y que debería cambiar mi carrera de periodismo. Recordé todo esto mientras luchaba en este nuevo puesto, sumado al estrés que sentía por la eliminación de mi trabajo anterior.

Lloré, sin saber qué pasaría conmigo. “¿Por qué no puedo leer bien?”, me pregunté. Entonces, de repente, escuché las palabras: “Es solo el error”. No estaba orando ni tratando de encontrar una respuesta de Dios, no obstante, esas palabras surgieron de todos modos: “Es solo el error”. Entendí que, según las enseñanzas de la Ciencia Cristiana, cualquier cosa es un “error” si Dios, que es completamente bueno, no la creó. Me calmé de inmediato. Lloré de nuevo, esta vez con lágrimas de alivio.

Como dice un himno del Himnario de la Ciencia Cristiana, “Padre nuestro, en Tu amor nos bendices sin cesar; / que Tu luz y Tu verdad traigan paz y bienestar” (N.° 72, Charles Wesley y John Taylor, adaptados © CSBD).

Quería profundizar un poco más esta inspiración, así que le pedí a un practicista de la Ciencia Cristiana que orara conmigo por la situación. Empezamos a eliminar las percepciones basadas en la materia, y las revelaciones espirituales empezaron a fluir. Estudiaba las Lecciones Bíblicas semanales del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana, compuestas por pasajes de la Biblia, así como de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, y asistía con regularidad a los servicios religiosos. Me encontré con este versículo de un salmo: “Los que aman tu Ley disfrutan de gran paz y nada los hace tropezar” (Salmos 119:165, Nueva Versión Internacional). A menudo pensamos en tropezar en relación con caminar, pero me di cuenta de que no puedo tropezar con mis palabras. Las palabras apropiadas realmente no vienen de mí ni me pertenecen; Dios es su fuente. 

Entonces las ideas inspiradas empezaron a encajar como un rompecabezas a medida que las verdades espirituales me venían al pensamiento: “En la Ciencia, sólo el Amor divino gobierna al hombre; …” escribe la Sra. Eddy en el Manual de La Iglesia Madre (pág. 40). Y “La Verdad no tiene morada en el error y el error no tiene apoyo en la Verdad”, afirma en Ciencia y Salud (pág. 282). Sabía que el sol de la Verdad derrite el error y me gustaba pensar en el error desapareciendo “en su nada origi­nal, como el rocío ante el sol de la mañana” (Ciencia y Salud, pág. 365).   

Cuando estamos en el colegio y cometemos un error con un problema de matemáticas, lo borramos y desaparece; no queda rastro de él, como si nunca hubiera existido. Se me ocurrió que esto podía aplicarse a cualquier problema que estuviera enfrentando. 

Nunca debemos dudar. Jesús les dijo a sus discípulos que no dudaran. Debemos confiar en la totalidad y la bondad de Dios.

En una conocida historia sobre Daniel, compañeros celosos intentaron arrebatarle su trabajo (véase Daniel 6). Intentaron destituirlo haciendo que el rey creara una nueva ley que sabían que la adoración de Daniel al único Dios le haría romper. Pero Daniel jamás dudó del gobierno y el cuidado de Dios y actuó bajo la ley de Dios, con gracia, como nosotros podemos hacerlo. Aunque fue arrojado a un foso de leones, salió completamente ileso. Daniel fue liberado del foso de leones; el rey emitió un nuevo decreto para que el Dios que Daniel adoraba fuera venerado; y Daniel prosperó. No se nos puede privar de los trabajos legítimos, porque Dios siempre guía y es todopoderoso.

Más tarde ese año, el puesto de presentadora que había estado desempeñando en comisión de servicio fue anunciado como un puesto permanente. Lo solicité y fui la candidata seleccionada. De manera que mi trabajo como presentadora de programas de negocios se volvió permanente, y sigo disfrutándolo. Y he podido leer con fluidez todo lo que he necesitado, tanto fuera del aire como en directo. Los compañeros de trabajo cuyos trabajos anteriores también habían sido eliminados encontraron otros puestos, y me alegra decir que ellos también están prosperando. Mientras oraba por mi propia situación, me di cuenta de que todos estamos siempre en nuestro lugar correcto y en los asuntos de nuestro Padre-Madre Dios. 

Antes de cada programa, justo antes de salir en directo, espero en Dios, escuchando Su voz y dejándolo brillar a través de mí para que “fecunde los afectos de toda la humanidad” (Manual, pág. 41).

Samantha Fenwick
Manchester, Greater Manchester, Inglaterra

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