A lo largo de los años, he tenido experiencias que me han traído un sentido más profundo de hogar como idea espiritual. Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana, describe el hogar como “el lugar más querido en la tierra” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 58). A través del estudio de esta Ciencia, he visto la necesidad de valorar los atributos espirituales del hogar, como amor, calidez, seguridad, belleza, altruismo y consuelo.
Las noticias suelen registrar los duros y a veces devastadores efectos del clima destructivo, donde muchas personas pierden sus casas por inundaciones, incendios y fuertes vientos. Ante situaciones como estas, el concepto verdadero y espiritual —que jamás depende de las circunstancias materiales— nos trae esperanza y soluciones prácticas. La Sra. Eddy ofrece esta clara promesa: “Nuestra seguridad está en nuestra confianza en que ciertamente somos moradores de la Verdad y el Amor, la mansión eterna del hombre” (Pulpit and Press, p. 3). Hace unos años, esta verdad me trajo curación tras una destructiva tormenta.
Me había mudado a un precioso condominio que respondía a mis oraciones sobre el hogar. Sin embargo, dos años después, los fuertes vientos y las temperaturas bajo cero provocaron la pérdida de electricidad y otros problemas importantes en mi comunidad. El sistema de riego de mi edificio se rompió y el agua entró en varios pisos, incluido el mío.
Los vecinos que no se vieron afectados por el agua llamaron a mi puerta enseguida, llevando toallas y baldes. Me conmovió mucho el apoyo y el cuidado de estos vecinos, algunos de los cuales no conocía. Y aunque no tenía ni idea de cuáles serían los siguientes pasos respecto a este problema, sentí la paz que surge al entender que Dios, el Principio inmortal, gobierna toda la creación. Ciencia y Salud explica: “Imperturbada en medio del testimonio discordante de los sentidos materiales, la Ciencia, aún entronizada, está revelando a los mortales el Principio inmutable, armonioso y divino —está revelando la Vida y el universo, siempre presentes y eternos—” (pág. 306).
En un momento dado, un vecino que no tenía ningún daño me preguntó cómo podía mantener la calma y la positividad. Había observado a varios dueños muy frustrados y enfadados. Le dije que encontrar ese hogar había sido claramente una respuesta a la oración y que ahora confiaba en el cuidado del mismo poder divino.
La gratitud se convirtió en un elemento importante en esta experiencia: gratitud por los vecinos, por la rápida respuesta del consejo de administración al traer una empresa de restauración, por una estancia en un hotel cercano y por la orientación que obtuve al orar para obtener nuevas alfombras, armarios, pisos, etc. Estaba especialmente agradecida por un joven carpintero meticuloso y hábil. Tuvimos conversaciones interesantes y, cuando el trabajo estaba llegando a su fin, sentí la necesidad de darle un ejemplar de Ciencia y Salud, explicándole que las ideas de ese libro eran vitales para mí y podrían interesarle. Al día siguiente, me dijo que había empezado a leerlo y desde entonces nos hemos mantenido en contacto.
Atribuyo la rapidez con la que se restauró mi casa enteramente a la oración, especialmente cuando supe que la empresa de restauración había recibido más de mil llamadas de ayuda relacionadas con las tormentas. Mi gratitud desbordó. Sentí la necesidad de escribir un correo electrónico al director general de ventas de esa empresa, agradeciéndoles su trabajo e incluyendo los nombres de cuatro hombres que habían sido de gran ayuda. El encargado respondió: “¡Me has alegrado el día; voy a reenviar este correo a todos los empleados!”
Recuerdo lo sucedido con un corazón humilde y agradecido por la guía y bendiciones que recibí durante esta situación; pruebas de la hermosa certeza de la Sra. Eddy “… no temas el mal, pues Dios es bueno, y toda pérdida es ganancia” (“Oración vespertina de la madre”, Escritos Misceláneos, pág. 389, según versión en inglés).
Ginger Stevens
Lake Oswego, Oregón, EE. UU.
