Y eso era el hermano. El hermano tan esperado. El herrrrmano del que mamá y papá hablaban tanto. Lo decían con muchas rrrr, como si fuera algo tan especial. Pero Alan no estaba tan seguro de eso.
Ahí estaba. Tan chiquito y tan gritón.
Tan chiquito y ocupando tanto lugar en la casa: la cuna enorme, la silla “de comer”, el catre para cambiarle los pañales...