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Ahora sé mucho más claramente que todos somos espirituales, gobernados por Dios, el bien, y que cada uno tiene su propio propósito y camino para cumplirlo.
Para que el bien se destaque más en la sociedad, es de ayuda mantener los buenos modelos en el pensamiento. Eso incluye sin duda a personas generosas y valientes de muchas creencias y orígenes, que ilustran en cierta medida la verdadera naturaleza divina de todos.
La palabra corazón aparece más de cien veces tan solo en el libro de los Salmos, y ver el concepto de corazón desde una perspectiva espiritual puede ayudarnos en tiempos de angustia.
Original en español
Por la mañana, cuando despertamos, si nuestro primer pensamiento es la unidad del hombre con Dios, podemos hacer nuestra primera acción del día sabiendo que el poder del Amor es nuestro, que vivimos en el reino de los cielos, donde todo es armonía.
Mi identidad no está definida por la oscuridad de una estación, sino que es permanentemente buena, como Dios.
Publicado originalmente en portugués
Seguí leyendo Ciencia y Salud y aprendí que todos somos hijos de Dios, hechos a Su imagen y semejanza, verdaderamente buenos e inocentes. ¡Qué hecho espiritual tan magnífico!
Cuanto más seguimos el ejemplo de Jesús al ver a los demás —vecinos, familias, niños, colegas, etc.— de esta manera, tanto más miedo, resentimiento, duda y ego eliminamos, hasta que el reflejo de la bondad y perfección de Dios es lo único que se ve.
Las cualidades espirituales —tales como la sabiduría, la integridad, la claridad, la energía, la fuerza, la flexibilidad, la alegría y la paz— no nos pueden ser arrebatadas porque es Dios quien las otorga. ¡Así que paremos el péndulo!
Neguémonos a permitir que la creencia en la edad nos tiente a sentirnos o a ser limitados. Dios no ve a nadie como si tuviera tantos años, o como si fuera joven. La única etiqueta que nos corresponde es “hijo eterno de Dios, hecho a Su imagen”.
Cada vez que pensaba que tenía una parte corporal deformada, o que no podía usar el pulgar normalmente, o que esta enfermedad era una consecuencia natural del envejecimiento o la herencia, refutaba con vehemencia esas creencias erróneas con la verdad de que el hombre refleja la bondad de Dios.