Originales Web
Original en español
Mientras estaba allí ese día, la marea dejó a la vista la extensa playa. La paz mental se había instalado, y la gratitud al divino protector me hizo comprender que la victoria es nuestra, al reconocernos a nosotros mismos y a la humanidad como Su manifestación, y nada menos.
Darnos cuenta de que realmente podemos liberarnos de los pensamientos y acciones erróneas y ayudar a otros a liberarse mediante el perdón me abrió un ámbito totalmente nuevo de pensamiento. Comprendí muy claramente que el perdón que sentía por mi padre venía de Dios.
Al observar y escuchar al Amor, estaremos cada vez menos propensos a ceder ante una influencia que no coincide con el Amor y el bien que tiene para nosotros y para todos.
Cuando los titulares se intensifican, no tenemos que quedarnos atónitos. Podemos enfrentarlos, mental y espiritualmente arraigados en la omnipotencia de Dios, confiados en la inocencia y buena voluntad de la humanidad, y a la espera de las pruebas del Cristo en acción.
En lugar de dejarme llevar por las corrientes mentales de desesperanza, división y animosidad, me mantuve con el Principio divino. Consideré los motivos que podrían haber llevado a los funcionarios municipales al servicio público, como por ejemplo el amor por su comunidad.
Original en español
Los pensamientos angelicales me alimentan con seguridad y confianza. Corrigen y sanan mis relaciones. Estas ideas rompen el hipnotismo de las dependencias, o la angustiosa obediencia a ciclos culturales o sociales que me privarían de la libertad, de realizarme.
En el deporte y más allá, vale la pena dirigir nuestros pensamientos ahora en direcciones productivas. No necesitamos permitir que los errores de ayer ocupen demasiado de hoy. Podemos ser más fuertes gracias a ellos y amarnos más.
Empecé a orar con más regularidad para rechazar la creencia común de que el atletismo y las lesiones van de la mano. Glorificar a Dios con las habilidades que Él nos ha dado expresa alegría y libertad. La lesión no forma parte de la creación de la Mente divina.
La humildad es la clave para ser un atleta realmente grande. Uno reconoce que su capacidad proviene de Dios, da la gloria a Dios y se esfuerza por demostrar la presencia de Dios en su experiencia.
Ya sea en el deporte o en la vida, poner nuestra fe en Dios abre la puerta a la curación —y a las victorias—.