La persona que considera a Dios como la fuente de su habilidad siempre se hallará a la altura de cualquier desafío. La Christian Science enseña en verdad, que Dios en Su gran sabiduría e indecible amor ha ligado al hombre indisolublemente con su fuente divina. El hombre es Su reflejo y como tal no posee existencia aparte de Dios. Puede deducirse entonces que las únicas demandas que se le hacen al hombre son las que hace Dios y que coincidiendo con la demanda, El provee los medios con los cuales hacerle frente — mediante el reflejo. Mrs. Eddy indica claramente en este pasaje de su obra Miscellaneous Writings (Escritos Misceláneos) que la demanda divina incluye también la provisión (pág. 16): “El Principio del Cristianismo es infinito: es en verdad Dios; y este Principio infinito hace al hombre demandas infinitas y éstas son divinas, no humanas; la habilidad del hombre para hacerles frente es de Dios, pues siendo Su imagen y semejanza, el hombre debe reflejar el dominio total del Espíritu — aun la supremacía del Espíritu por sobre el pecado, la enfermedad y la muerte.”
Así vemos que cualquier cosa que se requiere que hagamos espiritualmente nos hallamos autorizados para hacerla. La inteligencia y la fortaleza que necesitamos para llevar a cabo las tareas diarias son nuestras no mediante un esfuerzo personal, mas por la habilidad que nuestro reflejo del poder divino nos confiere. Mrs. Eddy nos señala esto cuando en Ciencia y Salud escribe (pág. 199): “De ahí la gran verdad de que la Mente sola desarrolla y da fortaleza al hombre por su mandato, — por razón de su demanda y oferta de poder.”
La actividad correcta y el desarrollo ordenado son evidencia del gobierno del Principio en nuestra vida. La abundante provisión del Amor, sus infinitas reservas de bien, son suficientes para hacer frente a cualquier demanda.
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