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La oración lo libera de una injusta acusación de traición y de un diagnóstico desesperado que le podría haber impedido aprobar un examen físico completo para obtener la visa de inmigración a los Estados Unidos.
Este consejero del campamento no había tenido muchas curaciones propias cuando se lesionó en el campamento. Pero a pesar de que la lesión no parecía gran cosa, se dio cuenta de que, no obstante, era una oportunidad para orar.
Al comprender que nuestra verdadera fuente de vida y verdad es nuestro Dios omnipresente, encontramos la guía que satisface las necesidades más profundas.
El deseo sincero de ver nuestros vecindarios desde una perspectiva más santa y espiritual nos abre los ojos para percibir las maneras en que podemos ayudar a mantenerlos seguros; como una mujer experimentó cuando una intuición inspirada por la oración la llevó a descubrir un arma cargada mientras salía a caminar.
Cuando un miembro de la iglesia criticó lo que llevaba puesto, esta veinteañera no estaba tan segura de querer volver a la iglesia. ¿Dónde estaba la inclusión que anhelaba? Estaba a punto de averiguarlo.
Considerar lo que significa que moramos “en la casa del Señor… por largos días”, como lo expresa el Salmo 23, es un punto de partida fortalecedor para enfrentar los desafíos, como una familia experimentó después de perder su hogar y posesiones en un incendio.
El bien omnipresente, Dios —no alguna posibilidad futura de bien— es la única base real para la oración eficaz y sanadora.
La Junta Directiva de la Ciencia Cristiana se complace en anunciar la designación de Mojisola A. S.
El poder de Dios es el que debemos tener. Es omnipotente, todo poder. A medida que el Cristo, la Verdad, nos eleva hacia el sentido espiritual de Dios como la única autoridad sobre nosotros, hallamos que la Verdad es el poder divino que demuestra la salud que Dios nos ha dado.
Nadie está jamás esclavizado por los conceptos materiales o historias mortales. Cada uno de nosotros es uno con Dios. En realidad, entonces, todos hemos sido, somos y siempre seremos inocentes y libres de las creencias propias o ajenas en las cargas de un pasado material.