
Relatos de curación
Razoné que, si Dios es omnisciente y lo sabe todo, y llena todo el espacio y es todopoderoso, entonces la materia y el dolor no pueden existir; ni siquiera hay un milímetro de espacio para ellos en la creación espiritual.
Esta perspectiva más pura sobre lo que hacía —al confiar y glorificar a Dios— detuvo la sensación de lesión y dolor en la rodilla. El cambio fue inmediato. Crucé el paso, continuando hacia mi destino esa misma tarde con total libertad.
Esta curación física sirvió como un recordatorio poderoso de que realmente podemos confiar en Dios como una guía muy práctica y ayuda inmediata en cualquier circunstancia. Cada uno de nosotros es digno de sanar y progresar sin dolor a través de una mayor comprensión de que nuestra vida es espiritual y eterna.
Después de acostar a nuestra hija, llamé a una practicista de la Ciencia Cristiana para que apoyara mis oraciones con un tratamiento de la Ciencia Cristiana. Después de hablar, me sentí segura de que este trabajo de oración sería eficaz.
Me comuniqué con otra practicista, quien aceptó orar por mí. Me recordó que no existía ninguna ley de Dios que respaldara esa mentira de dolor y que yo tenía la autoridad divina para negar su realidad o necesidad.
Debo confesar que nunca había sentido el cuidado del Amor divino tan intensamente como con esta hermosa curación. Me sentía tranquila, segura y confiada a pesar de las visibles evidencias de un accidente. Fue maravilloso darme cuenta de que la única vida que existe radica en Dios, no en la sangre ni en la carne.
En mi estudio de la Ciencia Cristiana, he aprendido que abordar los problemas con la comprensión de que soy espiritual, la semejanza o reflejo de Dios, el Espíritu, trae curación.
La ley de Dios pone todo en su lugar, y el hombre expresa la actividad sin obstáculos del Amor y el Alma. No hay debilidad ni fallo en nada que Dios haya creado.
Luego pensé en las ardillas y en lo mucho que todavía las amaba. Las vi inocentes y juguetonas. Ciencia y Salud explica: “Todas las criaturas de Dios, moviéndose en la armonía de la Ciencia, son inofensivas, útiles, indestructibles” (pág. 514). Sabía que, en verdad, las ardillas no podían lastimarme, y yo no podía lastimarlas.
Finalmente, un día me sentí impulsada a preguntarle a mi amiga si había un libro que pudiera leer para aprender más sobre las maravillosas ideas que compartía conmigo. Ella acababa de recibir un ejemplar del libro de Mary Baker Eddy Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras que había encargado, y me lo dio.