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Un rayo de luz en los días más oscuros

Del número de enero de 2005 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Fue muy doloroso observar cómo la vida de un amigo de mucho tiempo se deshacía a pedazos, profesional, económica, social y físicamente (yo sólo puedo adivinar lo que debe haber sido vivirlo). Lo bueno de esta historia es que a través de mucha oración, logró volver a su cauce, y su vida fue totalmente restaurada en todo sentido, como usted luego vera. He visto otras vidas restauradas mediante la oración, pero ninguna como ésta, en la que el individuo haya caído tan bajo, y por tanto tiempo.

Cuando conocí a Van —éste es su segundo nombre que nadie conoce y que utilizo respetando sus deseos de guardar privacidad — manejaba un llamativo auto deportivo, un Corvette roja, según recuerdo. Parecía ser un exitoso productor de Hollywood, aunque en realidad su profesión era la publicidad. Le había ido muy bien en los negocios, e incluso era dueño de su propia agencia. Había crecido en Europa, hablaba media docena de idiomas con fluidez, se había mudado a los Estados Unidos y conocido personalmente lo que era el éxito. Van era una de las personas más elegantes para vestirse que yo haya conocido.

Aunque al principio uno no lo podría haber notado, las cosas ya habían comenzado a irle mal. ¿El auto y la ropa? Una fachada muy delgada que ocultaba problemas más profundos. Con el tiempo, los raspones en la pintura del auto no se arreglaron, y las camisas comenzaron a verse desgastadas. Profesionalmente las cosas empezaron a hundirse, mientras que en lo personal, las relaciones clave se desintegraron. Entonces los problemas de salud — que quizás tuvieran sus raíces en décadas del hábito de fumar — se triplicaron.

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