Originales Web
Lo más importante es que, en los aproximadamente 45 años desde entonces, he estado completamente libre del miedo al clima. Nuestra familia ha sido protegida del impacto de huracanes y tornados. Nuestros dos hijos adultos nunca han tenido miedo al clima.
Cuando nos enfrentamos a tormentas —cualquier desafío que amenace perturbar nuestra paz y armonía espiritual— podemos aferrarnos con firmeza al reconocimiento de que nada más que el bien puede derivar del Amor siempre presente.
Original en portugués
Como Dios es el bien infinito, no puede haber mal que cause destrucción o afecte negativamente a Sus hijos. Todos estamos siempre seguros en Dios. Esta comprensión aporta paz y armonía incluso en situaciones amenazantes.
Podríamos decir que nuestro trabajo como sanadores cristianos es ser como el Cristo, expresar lo mejor que podamos las cualidades espirituales descritas en las Bienaventuranzas —entre ellas, humildad, pureza de motivo y afecto, y amor a la verdad—.
La practicista fue muy amorosa e inquebrantable en su convicción de que, como hija de Dios, yo era perfecta en ese mismo momento y que ninguna prueba física podría cambiar ese hecho.
Al recordar lo sucedido, algunos de mis mejores recuerdos de la universidad fueron cuando trabajaba en la biblioteca con mis amigos durante los exámenes.
Comencé a aferrarme a lo que era espiritual y científicamente verdadero: que la ley de armonía de Dios gobernaba cada función de mi ser. No era un mortal vulnerable reaccionando al veneno. Yo era la expresión espiritual de Dios.
La ley divina del Amor reemplaza la historia falsa con la reconfortante verdad de que fuimos, somos y siempre seremos la libre expresión de Dios, sin vínculo alguno con un pasado mortal y material.
Es el Espíritu Santo, expresado en el amor infinito de Dios por Sus hijos, quien genera una chispa de inspiración y nos permite absorber el espíritu de oración que es fresco y apropiado para el momento.
Nuestra conciencia llena del Alma purifica, sana y salva, irradiando hacia afuera, bendiciendo no solo a quienes nos rodean, sino a todos aquellos a quienes nuestros pensamientos abrazan en el reverente amor y la paz de Dios.