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Me abrí al reconocimiento de que Dios es la única fuente de mis pensamientos y acciones. Por lo tanto, todo mi ser solo podía ser armonioso. ¡Qué libertad y justicia se encuentran en este poderoso hecho espiritual!
Esta experiencia me enseñó que nunca estamos solos. Como idea espiritual de Dios, cada uno de nosotros es siempre uno con el Espíritu divino. Podemos superar lo que parece ser una limitación o temor a través del Cristo —la idea divina que revela la bondad omnipresente de Dios—.
Le pido a Dios que me diga quién soy. Las respuestas llegan como un sentimiento tranquilo y suave de que soy buena porque mi creador es bueno.
Publicado originalmente en portugués
Cuando seguimos con humildad y obedientemente la voluntad de nuestro Dios, nuestro Padre-Madre, suceden cosas buenas; de maneras mucho mejores de lo que podemos imaginar y sin ninguna interferencia humana o material.
Original en español
Aprendí que estar “escondido con Cristo en Dios” es tener humildad y fortaleza. Eso es lo que esta experiencia me estaba mostrando: que el poder y la fuerza provienen de la humildad y la confianza en Dios, no del cuerpo.
Aunque no tenemos que ganar la herencia que Dios nos dio, sí debemos reclamarla. Lo hacemos al reconocer sistemáticamente nuestra condición como creación espiritual de Dios y rechazar cualquier aspecto del yo mortal y material.
No somos personajes de una novela, ni descendemos de personajes de una alegoría. Nuestra verdadera herencia es maravillosa, y la Sra. Eddy la describe de esta manera: “El hombre y la mujer, coexistentes y eternos con Dios, reflejan para siempre, en cualidad glorificada, al infinito Padre-Madre Dios” (Ciencia y Salud, pág. 516).
Puesto que nuestro Padre es Espíritu, lo que se provee no son cosas materiales, sino ideas espirituales, como la verdadera sustancia y salud, armonía y alegría, y estas satisfacen nuestras necesidades diarias.
Estaba cediendo un sentido de mis circunstancias físicas ante la comprensión del bien infinito que proviene de Dios; me estaba elevando desde una sensación falsa de la vida como material hacia la conciencia de la infinita sustancia espiritual que siempre es nuestra.
Cuando llegamos al campamento, fuimos a ver a las enfermeras de la Ciencia Cristiana. Aun así, no quería que hicieran nada, pero eran muy afectuosas y estaban orando.