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Sendas hacia la enfermería de la Ciencia Cristiana

María y Martha: Su importancia para la enfermería de la Ciencia Cristiana

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 19 de marzo de 2026

Publicado originalmente en alemán


En Lucas 10, leemos sobre las dos hermanas de Lázaro: María y Marta. Marta ha invitado a Jesús a su casa, y “se preocupaba con muchos quehaceres”, como describe la Biblia (versículo 40). Se suponía que era la mayor de los tres hermanos, y probablemente le era habitual hacerse cargo de su familia; y, como mujer en aquella época, sus días habrían estado llenos de tareas domésticas. Acostumbrada a estar ocupada, siguió realizando tareas prácticas, incluso cuando Cristo Jesús estaba en su casa.

María, en cambio, se sentó a los pies de Jesús y escuchó sus enseñanzas. Cuando Marta se quejó a Jesús de que su hermana no la ayudaba, él respondió: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (versículos 41, 42). En otro lugar, la Biblia explica que “amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11:5). Y Jesús no condenó a Marta por su servicio. Pero sí señaló que solo se necesitaba una cosa realmente: escuchar y seguir al Cristo, la Verdad.  

Como enfermera de la Ciencia Cristiana, a menudo emprendo muchas tareas prácticas que deben realizarse al servicio de quienes buscan ayuda en la Ciencia Cristiana. Pero no solo se necesita el esfuerzo humano. Este trabajo se construye sobre un fundamento de comprensión espiritual y oración sanadora y solo puede lograrse desde este punto de vista. Completar tareas prácticas se basa en aplicar las cualidades de Dios, el Amor divino, tales como compasión, fortaleza y ternura. En última instancia, lo único que se necesita es escuchar al Cristo, la idea espiritual de Dios, transmitiendo la verdad acerca de Dios y nuestra relación con Él.

¿En qué consiste esto?

Ante todo, dedico tiempo por la mañana antes de ir al trabajo y a lo largo del día con Dios, el Amor divino, orando —nutriendo mi comprensión espiritual al reconocer conscientemente que estoy en armonía con Él—. Esta oración también afirma que “vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Reconozco que cualquier mentalidad desemejante al Amor divino no impera en mí, sino que la Mente divina se expresa a través de mí. Entonces mi voz, manos y pies —sí, todo mi ser— están ahí para expresar a Dios, lo cual es una bendición para mí y para los demás. La oración también incluye tomarme tiempo para estudiar la Biblia y los escritos de Mary Baker Eddy; los cuales me dan mi pan de cada día, mi alimento espiritual diario, a fin de que, con inspiración y bajo la dirección de Dios, pueda apoyar mejor a quienes necesitan ayuda.

Mientras cuido a las personas, escucho primero la voz de Dios, los mensajes del Espíritu divino, para que me muestren qué hacer a continuación o exactamente qué debe hacerse en ese momento. Una vez, un querido amigo me dijo: “Hay que estar en el lugar correcto en el momento correcto”. Al escuchar a Dios, a veces me siento inspirada a no hacer algo que parece ser necesario en esa instancia a fin de poder ocuparme de otra cosa que realmente se necesita en ese momento.

Todos somos ideas de Dios, igual e infinitamente importantes y valiosos. Todos somos los asistentes de Dios, trabajando para Él y expresándolo. Incluso cuando  cumplimos las tareas, podemos estar mentalmente sentados en silencio a los pies del Cristo, expresando a Dios. Me inspira la verdad de que cada uno de nosotros, como hijo de Dios, encarna las cualidades de los tres hermanos: Marta, con la capacidad de cuidar a los demás; María, que escucha a los pies de Cristo Jesús, y Lázaro, que experimenta el toque del Cristo a través de la curación cuando es restaurado a la vida.

También es interesante notar que en Juan 11 —donde leemos sobre la resurrección de Lázaro de entre los muertos— Marta fue la primera en encontrarse con Jesús, después de enterarse de que iba hacia ellos en Betania. Luego animó a María a ir con él.

¡Qué maravilloso es que el ser espiritual del hombre provenga de Dios y que cada uno de nosotros sea valioso, necesario y amado! El Cristo nos consuela a todos, y a través de este amor tomamos consciencia de nuestra inquebrantable conexión con la Mente divina, nuestro Padre-Madre Dios, que nos gobierna a nosotros y todos los detalles de nuestras vidas. Tomar conciencia de esto puede resultar de escuchar la verdad acerca de Dios, de leer un pasaje inspirado de la Biblia o de los escritos de la Sra. Eddy, o de recibir atención amorosa de alguien que es consciente de la verdad. Y ser conscientes de nuestra unidad con el Amor divino sana.

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