Skip to main content Skip to search Skip to header Skip to footer
Original Web

Aterriza a salvo después de una caída

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 2 de febrero de 2026

Original en español


Con humildad e inmensa gratitud a Dios nuestro amado Padre-Madre, comparto este testimonio de la protección que Dios siempre brinda en cada circunstancia de la vida diaria.

En la primavera de 2024 tuve una de las manifestaciones más grandes del amor y el cuidado de Dios en mi vida. Por invitación de uno de mis amigos de la infancia para reunirme con él y otro amigo para recordar nuestros hermosos paseos en el campo, fui a su hacienda. Ensillamos los tres caballos para hacer un recorrido durante algunas horas. Cuando regresamos galopando, a poca distancia de llegar a la casa de la hacienda, el caballo que yo montaba, por alguna circunstancia se asustó por lo que comenzó a corcovear, lanzándome sobre la cerca eléctrica hacia un terreno que se encontraba a unos 4 metros más abajo. Con la gran protección de Dios, caí de tal manera sobre el único lugar que no tenía piedras y era un colchón de pasto. Durante ese pequeño período de tiempo que estuve en el aire, sentí como que unas manos me fueron arropando, como si Dios me estuviera sosteniendo con Sus manos de Amor, hasta llegar al suelo.

Me levanté inmediatamente, sin ningún golpe, y vi al caballo que seguía dando coces, mientras yo buscaba la manera de subir al camino. Cuando mis dos amigos vieron lo que había sucedido, se apresuraron a socorrerme pensando que podría haber resultado gravemente herido. Para su sorpresa, me encontraron en perfecto estado, sin ningún golpe, feliz y agradecido por la protección de Dios.

En el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, Mary Baker Eddy escribe: “Los accidentes son desconocidos para Dios, o la Mente inmortal” y unas líneas más adelante agrega: “Bajo la divina Providencia no puede haber accidentes, puesto que no hay lugar para la imperfección en la perfección” (pág. 424).

Todas las mañanas, cuando me despierto, primero oro la “oración diaria” que la Sra. Eddy estableció en el Manual de La Iglesia Madre. (Véase p.  41). Esto abre mi pensamiento para estar vigilante y no susceptible al error, a cualquier cosa que se oponga a Dios, el bien. Luego oro el Padre Nuestro con su interpretación científica (véase Ciencia y Salud, pág. 16-17), incluyendo a todas las personas y actividades en el inmenso amor de Dios que abraza a toda la humanidad. La participación en la Sociedad de la Ciencia Cristiana en mi ciudad y mi estudio de Ciencia y Salud han fortalecido mi confianza al saber que Dios siempre está presente en todas las circunstancias, y que Su protección se extiende a cada miembro de mi familia, así como a toda la humanidad. Mi experiencia en la hacienda de mi amigo ilustra maravillosamente el efecto práctico de la oración diaria y la comprensión espiritual de Dios.

Para explorar más contenido similar a este, lo invitamos a registrarse para recibir notificaciones semanales del Heraldo. Recibirá artículos, grabaciones de audio y anuncios directamente por WhatsApp o correo electrónico. 

Registrarse

Más artículos en la web

La misión del Heraldo

 “... para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

                                                                                                          Mary Baker Eddy

Saber más acerca del Heraldo y su misión.