P: ¿Cómo puedo dejar de ser influenciado por lo que piensan mis amigos y otras personas?
R: Durante la secundaria, el bachillerato e incluso la mayor parte de la universidad, luché con esto mismo. No era tanto la presión de los compañeros como la abrumadora sensación de que tenía que seguir lo que pensaban mis amigos. Por ejemplo, si había una chica que me parecía linda, pero a mis amigos no les caía bien (o, más sinceramente, si pensaba que a mis amigos no les gustaría), entonces no había manera de que considerara hablar con ella.
Me sentía como dos personas diferentes. Cuando estaba en casa solo con mi familia y quizá con uno o dos amigos, me encontraba libre y feliz de ser yo mismo. Pero en la escuela me sentía acorralado, como si intentara ajustarme a lo que yo creía que los demás pensaban que debía ser.
Al comienzo de mi cuarto año de universidad, tuve la oportunidad de estudiar en el extranjero en Francia. Estaba muy envuelto en los desafíos de las relaciones, los miedos sobre mis perspectivas y mi aversión a la escuela, y me sentía atrapado. Trataba de orientarme en la vida según lo que pensaban los demás o las expectativas que tenían de mí.
Pero un día en Francia, tuve una experiencia transformadora, sobre la que puedes leer en JSH-Online.com (véase “An always present Love, The Christian Science Journal, September 2010). Como detallé en ese artículo, percibí cuán inmediato era el amor de Dios de una manera que nunca antes había sentido. Lo curioso es que no respondió específicamente a ninguna de las inquietudes o preguntas que tenía. Pero cambió por completo la premisa de mi perspectiva. Vi, por primera vez, que mi vida era mía y que no estaba a merced de lo que los demás pensaban, hacían o esperaban. O, para ser más exacto, espiritualmente, vi que mi vida era de Dios y que estaba seguro en Su amor.
El cambio que se produjo al comprender esto fue enorme. ¡Me sentí libre! No tenía ni idea de lo difícil que había sido navegar por todas esas diferentes influencias; pero ahora que me sentía tan seguro del amor de Dios, me di cuenta de que era lo único que quería dejar que me gobernara. Y, en efecto, Dios, el Amor, es el único poder verdadero que nos gobierna a todos nosotros.
Recordé cómo respondió Cristo Jesús cuando Poncio Pilato lo amenazó. Jesús dijo: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba” (Juan 19:11). En otras palabras, “No podrías tener ningún poder sobre mí, a menos que Dios te diera ese poder”.
Bueno, no tengo nada en contra de ninguno de mis amigos, pero, desde luego, Dios no me puso en las manos de ellos. Y, sinceramente, mis amistades se profundizaron bastante cuando me di cuenta de que estos amigos no gobernaban mi vida —lo cual, por supuesto, probablemente nunca pretendieron hacer—. Sin embargo, sus buenas ideas podrían inspirarme cuando tratara de descubrir qué era lo mejor para mí.
Antes, había sentido que estaba constantemente tratando de adaptarme a lo que otros pudieran pensar un día cualquiera, lo cual puede ser como tratar de seguir tendencias que parecen cambiar de momento a momento. Pero cuando descubrí que el amor de Dios es constante, que no reacciona ante esta persona o aquella circunstancia, una nueva estabilidad caracterizó mi enfoque.
Si bien el Amor nos gobierna por completo, a veces puede que no estemos seguros de cómo verlo en nuestras vidas. Para mí, es útil contemplar cada día como una oportunidad para sentir y confiar más plenamente en el amor de Dios. Su amor no flaquea, no depende de las circunstancias que nos rodean. La guía de Dios nunca hace excepciones. Al observar y escuchar al Amor, estaremos cada vez menos propensos a ceder ante una influencia que no coincide con el Amor y el bien que tiene para nosotros y para todos. Este versículo de la Biblia nos anima: “Queridos amigos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que cuando se manifieste, seremos como él porque lo veremos tal y como él es” (I John 3:2, Common English Bible).
Puede que no estemos seguros de cada paso que viene o de cómo crecerán y serán transformadas nuestras vidas. Pero al buscar a Dios, reconociendo que el Amor es el único poder en nuestras vidas, descubriremos que no hace falta ajustarnos a lo que piensan los demás para sentirnos amados, porque ya somos amados, ya somos completos por ser el reflejo del Amor.
