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Lejos de casa, pero cerca de Dios

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 2 de febrero de 2026


Una noche, mientras estaba en un viaje de dos semanas de servicio a una escuela en Kenia, empecé a sentirme mal.

Me fui a la cama con dolor de estómago, diciéndome a mí misma que me sentiría mejor por la mañana. Pero unas horas después de quedarme dormida, me desperté y tuve que correr al baño para vomitar. 

Después de que mi compañera de cuarto me consolara y cambiara de habitación en el hotel, seguía sintiéndome mal del estómago. Ni siquiera podía distraerme para olvidar el dolor porque estábamos en el viaje sin nuestros teléfonos móviles y no había televisión en el hotel. 

Empecé a sentirme muy preocupada. Ahí estaba yo, enferma, a más de 5,600 kilómetros de casa, sin mi familia ni mi teléfono. Mi única forma de entretenimiento era la Lección Bíblica semanal del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. La abrí y encontré este versículo de la Biblia: “Porque yo estoy contigo —declara el Señor— para salvarte” (Jeremías 30:11, LBLA). La idea de que podía estar tan lejos de lo que llamaba “hogar”, pero que Dios seguía ahí, realmente se me quedó grabada. La distancia física no afecta nuestra relación con Dios porque Dios está en todas partes y nunca podemos separarnos de Él. Dios siempre está con nosotros, consolándonos y protegiéndonos, sin importar lo lejos que pensemos que estamos de nuestras fuentes habituales de consuelo. 

Seguí leyendo la lección y me encontré con este pasaje: “Porque yo te devolveré la salud, y te sanaré de tus heridas —declara el Señor—” (Jeremías 30:17, LBLA). A pesar de sentirme tan lejos de mis padres y de mi móvil, estas palabras me reconfortaron. Dios, el único origen del verdadero poder estaba allí. Dios es la fuente de todo el bien, y en lugar de centrarme en lo que sentía que faltaba, simplemente podía ver la bondad de Dios. 

Reclinada en la cama, llegué a la conclusión de que Dios me sana, no importa dónde esté ni lo mal que me sienta, y que la distancia no es límite para Su poder. 

Me quedé dormida leyendo la lección y me desperté a la mañana siguiente sin ningún dolor. Estaba sana, y pude unirme con total capacidad a las actividades de grupo ese mismo día.

Estoy agradecida por lo que aprendí sobre la constante presencia de Dios a través de esta curación y porque ahora sé que siempre puedo encontrar ayuda en la Lección Bíblica.  

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