Queridos miembros de La Iglesia Madre:
Hace años, mi esposa y yo viajamos por África Oriental y conocimos a un joven que vivía en la aldea donde nos alojábamos. Durante algunas semanas de compartir juntos, el muchacho preguntó sobre los libros que leíamos y quiso unirse con nosotros cada mañana para leer la Lección Bíblica publicada en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Nada fue forzado o incómodo; simplemente surgió de forma natural. Conocía muy bien las Escrituras e intuitivamente parecía comprender lo que Mary Baker Eddy consideraba como “la misión más elevada del poder-Cristo de quitar los pecados del mundo” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 150). Más tarde, supe que mi amigo iba todos los días a la casa de su padre, quien había estado luchando contra el alcoholismo, y le leía Ciencia y Salud, hasta que finalmente el padre se vio liberado de esa condición. El joven también terminó compartiendo ideas con el pastor de una iglesia local, quien se sintió tan conmovido por Ciencia y Salud que comenzó a usarlo para elaborar sus sermones, e incluso lo citó a fin de enfatizar una comprensión espiritual más profunda de las Escrituras.
A veces recuerdo a este amigo cuando pienso en qué consiste estar en los negocios del Padre y también cuando pienso en cómo es el trabajo de la misión de la Ciencia Cristiana. Esta persona no estaba tratando de “hacer el trabajo de iglesia”; más bien diría que estaba haciendo el tipo de trabajo de iglesia al que todos aspiramos: una vida práctica y normal como la de Cristo que eleva la atmósfera del pensamiento espiritualmente, eliminando toda oscuridad mental con la luz y el amor de la Verdad. Mi amigo estaba mostrando que “el Amor es reflejado en el amor” (Ciencia y Salud, pág. 17).
En la historia de la visita de Jesús a Marta y María, relatada en Lucas 10:38-42, Jesús enseña una lección sobre dónde centrar exactamente nuestro enfoque y atención, cuando parecen haber tantas cosas importantes que hacer y en las que concentrarse en la vida.
Cuando Jesús dijo que “solo una cosa es necesaria”, eso no fue tanto una reprimenda a Marta. Era evidente que ella se preocupaba profundamente por Jesús y su misión. Yo lo veo como una reorientación vital del pensamiento para poner todo nuestro corazón en Dios y la receptividad espiritual. Jesús estaba mostrando a las personas, incluyéndonos a cada uno de nosotros, cómo comenzar, cómo discernir entre una misión fundamental —es decir, nuestro trabajo de amar a Dios supremamente y de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos—y tantas cosas que atraen nuestra atención para que hagamos cualquier otra cosa que no sea esa única cosa necesaria.
¿Y no es nuestra receptividad y atención, a esta única cosa necesaria, una parte clave de vivir el tema de la Asamblea Anual 2025, “A medida que trabajáis, los tiempos adelantan”? (Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 188). A medida que trabajamos, a medida que apreciamos nuestra práctica individual y nuestra práctica colectiva de iglesia, podemos preguntarnos si nuestros próximos pasos están dirigiendo nuestro pensamiento en la dirección en la que María se dirigía —hacia esa única cosa necesaria— o en la dirección hacia la que Marta era atraída, de estar preocupada “con muchos quehaceres”. Podemos dar pasos firmes para comprometer nuestro trabajo con lo imprescindible: la Ciencia de la curación-Cristo.
Cuando pienso en nuestra Iglesia, pienso en estar hombro a hombro con cada uno de ustedes en la labor de demostrar el “poder-Cristo de quitar los pecados del mundo”. Pienso en el ejemplo de mi joven amigo de África Oriental y en cómo cada uno de nosotros puede tener un impacto significativo que contribuya y apoye lo que Jesús estaba haciendo y también lo que la Sra. Eddy, como nuestra Guía en seguir el ejemplo del Maestro, consideró como la misión más elevada de esta Iglesia.
Nuestra unidad en propósito y misión ayuda a unificar nuestra Causa. Nuestro trabajo no tiene por qué ser igual al de los demás para ser sincero y eficaz, y estar alineado a esa única cosa necesaria.
Con gran afecto,
Josh Niles
Presidente de La Iglesia Madre
