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Jenny explica que nunca podemos estar solos, porque vivimos en Dios, la Mente divina, en la presencia de un número infinito de ideas.
En muchas partes del mundo, las iglesias (y otros espacios públicos) están cerrados en cumplimiento de las reglamentaciones gubernamentales. Pero dondequiera que nos encontremos y con quien sea que estemos (o no estemos), cada uno de nosotros puede experimentar el santuario de la curación, la alegría y el consuelo divinos.
Todos sabemos lo que Cristo Jesús hizo: salvó pecadores, sanó enfermos, resucitó muertos, calmó tempestades, alimentó multitudes, entre muchas otras cosas. Este es el camino que nos dejó a seguir: la curación cristiana.
Cada uno de nosotros puede recurrir al Divino y experimentar el poder sanador del Amor divino.
Caundo notó que le había salido un pólipo nasal hace unos años, Erin oró para reconocer que su verdadera naturaleza es la de una idea espiritual, la expresión de Dios. El pólipo pasó naturalmente sin ningún efecto adverso, y no ha vuelto a manifestarse.
¿Estás pegado al teléfono para estar al tanto de las últimas noticias que están aterrando a todo el globo? La Ciencia Cristiana puede ayudarnos a manejar productivamente nuestro consumo de la información, así como nuestra respuesta a ella.
Cuando tuvo un grave caso de neumonía, Angela comenzó a orar para verse como Dios le veía: espiritual, perfecta, intacta. También oró con un practicista de la Ciencia Cristiana, reconociendo su perfección espiritual. Ella fue sanada y no hubo secuelas.
A medida que reconocemos la amorosa presencia e infinito cuidado de Dios, podemos liberarnos del temor y hallar que el cielo y la tranquilidad están al alcance de la mano.
Muchos expresan sus temores y preocupaciones por el coronavirus. Pero el Cristo, que “proclama el bien” eternamente, es la influencia divina que calma nuestros temores, revela nuestra seguridad en Dios y trae curación a nuestras vidas.
Cada persona es en verdad el hijo de Dios, el bien, cualquiera sea el cuadro que presente la mente mortal.