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Estar en el elevado entorno de un sanatorio de enfermería de la Ciencia Cristiana para este curso introductorio me causó una profunda impresión. Varios años después, tuve la oportunidad de trabajar en ese mismo sanatorio, disfrutando de una carrera satisfactoria en un entorno amoroso y acogedor.
He visto cómo crece mi trabajo de enfermera de la Ciencia Cristiana: se siente más pleno y completo. Tengo una mayor percepción de la naturaleza ilimitada del trabajo y del hermoso desarrollo que inevitablemente se produce cuando se supera el temor.
Dios me necesita a mí—y a ti—para servirle ahora mismo, independientemente de nuestra historia o circunstancias actuales. Está revelando nuestros próximos pasos para servir con humildad y alegría, de maneras que son una bendición para todos.
Había estado orando con una idea útil que un practicista de la Ciencia Cristiana compartió conmigo: que bajo la ley de Dios, la necesidad y la provisión se unen para el bien universal.
A menudo pensamos en tropezar en relación con caminar, pero me di cuenta de que no puedo tropezar con mis palabras. Las palabras apropiadas realmente no vienen de mí ni me pertenecen; Dios es su fuente.
¿Qué significa ver a Dios? Dios es bueno, así que podrías decir que cuando ves el bien, ¡estás viendo a Dios!
Aprendí que el Amor divino es “el amor verdadero”, y que incluso cuando sentimos que estamos pasando por mucho sufrimiento, desilusión y confusión, Dios nunca nos abandona.
Sabía que se requería valor para decir lo que pensaba, pero no quería evitar hacerlo por miedo a ser diferente.
La Verdad y el Amor calmaron mi temor con la comprensión cristianamente científica de que este nacimiento no era un evento físico, sino el desenvolvimiento por parte de Dios de una nueva idea espiritual que salía a la luz con espontánea energía.
Los hijos de Dios no interactúan de maneras que se menosprecian o se desmerezcan unos a otros. Las cualidades espirituales son abundante e irrestrictamente accesibles, expresables y agradables para todos.