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La comprensión espiritual que obtuve y la comprensión de que la Lección Bíblica semanal está llena de ideas prácticas y sanadoras se han quedado conmigo desde entonces.
La comprensión de que solo hay un Alma, Dios, y que cada uno de nosotros es un reflejo del Alma, nos libera y nos sana. Artículo inspirado en la lección bíblica de esta semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana.
Reclamé mi derecho a sentirme satisfecho con mi trabajo de oración y el trabajo del practicista, y confié plenamente en que la Ciencia divina estaba en efecto y en funcionamiento. Ya no intentaba arreglar ni siquiera sanar un problema, sino que trabajaba para ver expresada más de la Vida, Dios.
Empecé a orar de inmediato. Afirmé mentalmente mi identidad como una idea espiritual de Dios, el bien, y negué que pudiera sufrir por hacer una actividad correcta y buena.
Me di cuenta de que, en lugar de tratar de arreglar una condición física, necesitaba corregir cualquier pensamiento que hubiera detrás.
Afirmé en oración que el plan de Dios para mí ya estaba en curso y se expresaba en abundante bondad, alegría, bienestar, empleo y provisión; todo lo cual no estaba limitado por los paradigmas materiales de cómo era mejor y más probable satisfacer las necesidades humanas.
Este trabajo de estudio y oración en la Ciencia Cristiana es alegre, edificante y desafiante. Es dar testimonio de que el Amor divino, Dios, llena todo el espacio. Es reconocer que el Amor descansa sobre todos.
Esta experiencia me enseñó que nunca estamos solos. Como idea espiritual de Dios, cada uno de nosotros es siempre uno con el Espíritu divino. Podemos superar lo que parece ser una limitación o temor a través del Cristo —la idea divina que revela la bondad omnipresente de Dios—.
Le pido a Dios que me diga quién soy. Las respuestas llegan como un sentimiento tranquilo y suave de que soy buena porque mi creador es bueno.
No somos personajes de una novela, ni descendemos de personajes de una alegoría. Nuestra verdadera herencia es maravillosa, y la Sra. Eddy la describe de esta manera: “El hombre y la mujer, coexistentes y eternos con Dios, reflejan para siempre, en cualidad glorificada, al infinito Padre-Madre Dios” (Ciencia y Salud, pág. 516).