Sentía la profunda certeza de que Dios, el Amor, realmente estaba guiando mis pasos por mi bien. La ayuda apareció de una forma completamente inesperada, y los pasos que necesitaba seguir se fueron manifestando uno a uno.
Al elevarnos más alto en nuestras oraciones hacia una comprensión espiritual del bien, discernimos su Principio divino, el Amor, y obtenemos una certeza, construida sobre ese sólido fundamento, de la continuidad y universalidad del bien.
La guía y protección de Dios nunca podía ser menos que plena y constante.
Estudiar la lección bíblica también me prepara para contribuir activamente al impulso sanador del servicio religioso del domingo. Me encuentro más receptiva a la Lección-Sermón mientras se lee, esperando que sane a todos los presentes según sea necesario.
El hombre, la verdadera identidad espiritual de cada uno de nosotros, no es una combinación de maquinaria material, orgánica y funciones. Como imagen y semejanza de Dios, el Espíritu, soy espiritual, completo y estoy compuesto solo por cualidades armoniosas.