Esta certeza de que, cualquiera sea la situación, podemos aceptar que Dios nos ama y sentir Su cuidado, me ha sido muy útil y también le fue muy útil a él. Cuando lo vi la semana siguiente, me dijo sonriendo que leía las citas todos los días. Y la siguiente vez que lo vi, tenía buenas noticias que contarme.
Abrí los ojos y le dije a mi entrenador que estaba listo para volver al hielo. Marqué un gol y una asistencia sin dolor alguno.
Tras haber experimentado una maravillosa curación, sentí el fuerte deseo de contarle a alguien lo del accidente. Pero me detuve. Reconocí que la fuente de esa tentación era el magnetismo animal; lo que Jesús llamó “un mentiroso”.
En lugar de prestar atención a cualquier cosa discordante —que Dios, el bien, no pudo crear ni creó— podía reconocer la omnipotencia y la armonía siempre presente de Dios.
Una lección muy importante que aprendí de esto es que nunca debes dejarte vencer por el miedo o la ansiedad sobre lo que podría pasar. La ayuda de Dios es suficiente para satisfacer todas las necesidades, ¡y podemos confiar en ello!
A pesar de sentirme tan lejos de mis padres y de mi móvil, me sentí reconfortada. Dios, el único origen del verdadero poder estaba allí.
Queridos miembros de La Iglesia Madre: Hace años, mi esposa y yo viajamos por África Oriental y conocimos a un joven que vivía en la aldea donde nos alojábamos. Durante algunas semanas de compartir juntos, el muchacho preguntó sobre los libros que leíamos y quiso unirse con nosotros cada mañana para leer la Lección Bíblica publicada en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana.
Aunque la participación en las organizaciones sociales tradicionales pueda estar disminuyendo, el sentido de compañerismo o conexión que todos los hijos de Dios tienen naturalmente entre sí nunca puede perderse. Perdura porque todos somos creados y criados por el mismo Dios amoroso.
No quería responder a los insultos desagradables ni reaccionar con ira y resentimiento; eso definitivamente no iba a resolver la situación. Mientras escuchaba la guía de Dios sobre cómo responder, tuve que revertir el pensamiento de que esos niños eran malos y que debía actuar en consecuencia.
Sé que este himno era una oración para mí porque, mientras cantaba mi mamá, el dolor en mi pierna empezó a desaparecer, ¡e incluso sentí ganas otra vez de bajar la montaña!