A pesar de sentirme tan lejos de mis padres y de mi móvil, me sentí reconfortada. Dios, el único origen del verdadero poder estaba allí.
Queridos miembros de La Iglesia Madre: Hace años, mi esposa y yo viajamos por África Oriental y conocimos a un joven que vivía en la aldea donde nos alojábamos. Durante algunas semanas de compartir juntos, el muchacho preguntó sobre los libros que leíamos y quiso unirse con nosotros cada mañana para leer la Lección Bíblica publicada en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana.
Aunque la participación en las organizaciones sociales tradicionales pueda estar disminuyendo, el sentido de compañerismo o conexión que todos los hijos de Dios tienen naturalmente entre sí nunca puede perderse. Perdura porque todos somos creados y criados por el mismo Dios amoroso.
No quería responder a los insultos desagradables ni reaccionar con ira y resentimiento; eso definitivamente no iba a resolver la situación. Mientras escuchaba la guía de Dios sobre cómo responder, tuve que revertir el pensamiento de que esos niños eran malos y que debía actuar en consecuencia.
Sé que este himno era una oración para mí porque, mientras cantaba mi mamá, el dolor en mi pierna empezó a desaparecer, ¡e incluso sentí ganas otra vez de bajar la montaña!
Ahora mismo hay cierta urgencia de tomar una postura más activa a favor de la verdad de Dios y de Su creación contra las pretensiones del sentido material.
Cuando sentía pesar y angustia, a menudo encontraba consuelo en los himnos del Himnario de la Ciencia Cristiana, ya que las palabras de estos himnos son un bálsamo reconfortante para las mentes perturbadas.
Sentía la profunda certeza de que Dios, el Amor, realmente estaba guiando mis pasos por mi bien. La ayuda apareció de una forma completamente inesperada, y los pasos que necesitaba seguir se fueron manifestando uno a uno.
Al elevarnos más alto en nuestras oraciones hacia una comprensión espiritual del bien, discernimos su Principio divino, el Amor, y obtenemos una certeza, construida sobre ese sólido fundamento, de la continuidad y universalidad del bien.
La guía y protección de Dios nunca podía ser menos que plena y constante.