Hace aproximadamente dos años, en mi iglesia, tuvimos la oportunidad de auspiciar una conferencia de la Ciencia Cristiana, y la conferenciante y los miembros de nuestra iglesia tuvimos una reunión de preparación metafísica. La noche de esta reunión preparatoria, mis pensamientos y oraciones estaban completamente enfocados en la conferencia. Llegué lleno de expectativas y muy motivado para participar, pues sabía que las conferencias de la Ciencia Cristiana indudablemente siempre traen curación y bendiciones.
La reunión se fue desenvolviendo en gran armonía, y las ideas que la conferenciante estaba compartiendo con nosotros eran muy esclarecedoras. En un momento dado, nos dijo que la curación no se limita al momento de la conferencia; puede ocurrir antes, durante y después, ya que el propósito de una conferencia de la Ciencia Cristiana es continuo y eterno.
Ella compartió con nosotros la importancia de orar y reconocer al Amor divino en acción, ya que, como dijo Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana, en su libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “El Amor divino siempre ha respondido y siempre responderá a toda necesidad humana” (pág. 494). Me sentí inspirado y agradecido por las ideas de la reunión preparatoria, y al final estaba muy entusiasmado y no veía el momento de que llegara el día siguiente para poder escuchar la conferencia; que sabía que fortalecería mi propio progreso espiritual y el de todos los miembros de la iglesia.
Cuando llegué a casa esa noche, encontré a mi sobrino, con quien vivo, durmiendo en su habitación. Mientras repasaba todo lo que había aprendido en la reunión, mi sobrino empezó a quejarse de un fuerte dolor de estómago. Al escucharlo, fui a su dormitorio y, como él recién empezaba a conocer la Ciencia Cristiana, le dije que podíamos orar juntos.
Recordé las ideas compartidas durante la reunión inspirativa y también reflexioné sobre “la declaración científica del ser”, que se encuentra en Ciencia y Salud y dice en parte: “No hay vida, verdad, inteligencia ni sustancia en la materia. Todo es la Mente infinita y su manifestación infinita, pues Dios es Todo-en-todo” (pág. 468).
La respuesta a esta oración fue casi instantánea. En tan solo unos minutos, la creencia en el dolor empezó a ceder y mi sobrino se quedó dormido. No se quejó en toda la noche, y a la mañana siguiente se despertó perfectamente bien.
Estoy profundamente agradecido a Dios, el Amor divino, que siempre responde a todas nuestras necesidades, y a la Ciencia Cristiana por enseñarnos a orar con sus ideas llenas de verdad.
La curación física fue una gran demostración, pero la acompañó otra muestra del amor de Dios: mi sobrino se sintió inspirado a asistir a la conferencia, que abrió el camino para que estudiara más el libro de texto de la Ciencia Cristiana y participara en las actividades de la iglesia. Esta curación siempre me recuerda que nuestro Padre-Madre puede responder a cualquier necesidad humana y que las conferencias de la Ciencia Cristiana son una respuesta para cada uno de nosotros, ya que nos ayudan a comprender mejor la naturaleza espiritual de Dios.
