Skip to main content Skip to search Skip to header Skip to footer
Original Web

El desarrollo personal: ¿Amigo o enemigo?

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 12 de octubre de 2026

Original en alemán


En su obra principal, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, instruye al lector: “Sé el portero a la puerta del pensamiento” (pág. 392). Para mí, esto significa vigilar y examinar los pensamientos que me llegan. Si no conducen en la dirección correcta hacia Dios, el bien, entonces son sugestiones erróneas a las que no les debería dar entrada a mi conciencia.

Una de esas sugestiones que llevaba tiempo llamando a la puerta de mi pensamiento, y que al principio no sabía cómo clasificar —si debía ser rechazada o admitida— era el desarrollo personal.

Me di cuenta de cuántas veces sentía la necesidad de mejorar u optimizar algo de mí misma. Innumerables carteles publicitarios sugieren hacer más ejercicio. En el trabajo, los empleadores suelen animar a sus empleados a participar en seminarios de formación. Y aprender otro idioma o instrumento, podía mejorar mi reputación. ¡Ninguna de estas opciones parecía una mala idea!

Sin embargo, después de un poco de estudio espiritual y contemplación en oración, empecé a cuestionar qué significaba realmente esto. Cada vez más a menudo me preguntaba: ¿No implica esto que aquí y ahora yo no soy adecuada? ¿Por qué debería estar mejorando constantemente? ¿Puedo realmente mejorar y, si es así, cómo puedo hacerlo con eficacia? ¿Cuándo será suficiente?

Para encontrar respuestas, primero necesitaba averiguar quién y qué es este yo. ¿Quién soy? ¿Soy el cuerpo que me miro en el espejo cada mañana y, a través de dietas y programas de ejercicio, supuestamente puedo cambiar y moldearme en algo mejor? ¿Soy un intelecto, una máquina de conocimiento basada en un cerebro, moldeada por la educación, clasificada conforme a las pruebas de inteligencia y optimizada a través de más y más educación?

Al estudiar la Ciencia Cristiana, descubrimos que nuestro verdadero ser no es corpóreo, es decir, no reside en un cuerpo de materia ni en una personalidad humana. Dios, el Espíritu divino, creó al hombre —a cada uno de nosotros— a Su imagen y semejanza (véase Génesis 1:27), así que en realidad somos espirituales, no materiales. La verdadera individualidad es, entonces, la expresión individual de cualidades espirituales. A medida que demostramos estas cualidades, progresamos.

He aquí un ejemplo. En Lucas 2:46, 47, se nos habla de cuando Jesús tenía doce años: “Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas”. Probablemente Jesús no había recibido la misma educación extensa y formal que recibieron los estudiosos, sino que expresaba el conocimiento y el poder de su divino Padre-Madre Dios. Él conocía su individualidad espiritual por ser el Hijo de Dios, y que no podía hacer nada sin su Padre divino. Como él dijo: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19). Al hablar sobre esto, Mary Baker Eddy escribe: “Él no pretendió tener inteligencia, acción ni vida separadas de Dios” (Ciencia y Salud, pág. 136).  

Si el llamado yo se define como el cuerpo material, y el intelecto y las estrategias de optimización se desarrollan sobre esa base, entonces nuestras habilidades y perspectivas están limitadas a lo que nuestro cerebro y cuerpo materiales son capaces de hacer. La Ciencia Cristiana nos ofrece una perspectiva completamente diferente. En Ciencia y Salud, la Sra. Eddy explica: “La gran verdad en la Ciencia del ser, que el hombre ver­dadero era, es y siempre será perfecto, es incontrovertible; porque si el hombre es la imagen, el reflejo, de Dios, no está invertido ni subvertido sino que es recto y semejante a Dios” (pág. 200). Este es un punto de partida completamente diferente para progresar. Comenzamos con la perfección espiritual y la totalidad, en lugar de con una corporalidad limitada e imperfecta, y reconocemos claramente que la perfección destaca la vida e identidad del hombre creado por Dios.

En la Biblia, David ejemplificó esta forma de progreso o mejora cuando se enfrentó al Goliat filisteo (véase 1 Samuel 17). Desde una perspectiva humana, David era inferior a este guerrero filisteo que parecía tan abrumador. Pero David sabía que Dios el Todopoderoso estaba con él. Dijo: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo”.

Durante la preparación de David para la batalla ocurren algunas cosas notables. Primero, el rey Saúl le da a David su armadura para protección y David también se pone su espada. Sin embargo, él se da cuenta de que estos instrumentos de guerra mundanos son más complicados que útiles y nuevamente los deja de lado. En su lugar, elige cinco piedras lisas de un arroyo cercano, herramientas que le eran conocidas como pastor. Me gusta pensar en que la definición de río en Ciencia y Salud se aplica al arroyo del que David tomó sus piedras. Esa definición incluye: “Conducto del pensamiento” y “Sereno y sin obstrucción, simboliza el curso de la Verdad” (pág. 593).

Equipado con la firme convicción de la protección de Dios y las herramientas que ya conocía, David corre hacia Goliat y derrota al desmesurado gigante. En esta situación, parece que David confiaba completamente en Dios y entendía que, por ser Su reflejo, él ya sabía y tenía todo lo necesario para tener éxito. Eligió una optimización espiritual.

Entonces, ¿cómo nos ayuda esta perspectiva a manejar la presión de que seamos mejores que sigue imponiéndose sobre nosotros? Implica nutrir y expresar el múltiple bien que ya caracteriza nuestra individualidad, y eliminar las falsas sugestiones acerca de nosotros mismos, incluyendo que somos deficientes de alguna manera. En esto consiste ser “portero a la puerta del pensamiento”. Por supuesto, podemos seguir aprendiendo cosas nuevas y expresar talentos que aún no hemos descubierto, pero lo hacemos desde la base de la plenitud. Entonces la mejora se convierte en el desenvolvimiento, la salida a la luz de nuestra perfección espiritual innata.

Este enfoque espiritual del progreso puede parecer al principio más abstracto que los enfoques basados en la materia, pero sin duda es más eficaz y fructífero, como pueden verse en las vidas de David y Cristo Jesús. Innumerables Científicos Cristianos también han demostrado su eficacia en sus propias vidas. Partiendo de la base de la comprensión de nuestra perfección actual y del hecho de que vivimos en y con Dios, nuestro progreso, apoyado por la oración consagrada, continuará en la dirección correcta y, en última instancia, será coronado con éxito.

Para explorar más contenido similar a este, lo invitamos a registrarse para recibir notificaciones semanales del Heraldo. Recibirá artículos, grabaciones de audio y anuncios directamente por WhatsApp o correo electrónico. 

Registrarse

Más artículos en la web

La misión del Heraldo

 “... para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

                                                                                                          Mary Baker Eddy

Saber más acerca del Heraldo y su misión.