Simplemente me encantan las numerosas metáforas que hay en la Biblia y en los escritos de Mary Baker Eddy sobre nuestra relación con Dios. Por ejemplo, hay una metáfora de Dios como pastor, regocijándose después de encontrar a su oveja perdida (véase Mateo 18:12-14) y una comparación de que Dios es como el sol y el hombre como un rayo de luz que procede del sol —lo expresa— (véase Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 361).
Una noche, después de un juego de rol con mi familia y amigos, se me ocurrió una nueva metáfora para el amor de Dios. Como parte del juego, imaginamos que viajábamos en una nave espacial entre planetas; así que pensé que el amor de Dios es como un rayo tractor. En ciencia ficción, este es un dispositivo que atrae un objeto desde cierta distancia y puede sujetarlo. Al principio, me reconfortaba la idea de que el amor de Dios me atrajera y me sostuviera. Pero luego consideré, por mi estudio de la Ciencia Cristiana, que en realidad no estamos lejos del Amor divino. Siempre somos uno con Dios, como Cristo Jesús enseñó.
Pensé en el trabajo que había estado haciendo últimamente, después del fallecimiento de mi padre. Mientras revisaba los objetos de su casa, a veces me invadía un sentimiento de dolor y me sentía empujada hacia la tristeza o a un sentimiento abrumador. Sabía que la vida de papá continuaba, y que el Amor divino cuidaba de los dos de una manera ininterrumpida y eterna, pero a veces me sentía sola, triste y cansada. El progreso era lento.
Podía ver que, aunque conocía la presencia de Dios, mi pensamiento parecía irse a la deriva en la oscuridad de la limitación y la carga. Al orar y negar este mito de la mortalidad, recordé las palabras de la Sra. Eddy en Ciencia y Salud en la página 102: “Sólo hay una atracción real, la del Espíritu. La aguja que apunta hacia el polo simboliza este poder que lo abarca todo, o la atracción de Dios, la Mente divina”. También me consolaron estas palabras en la página 124 del mismo libro: “La adhesión, la cohesión y la atracción son propiedades de la Mente. Pertenecen al Principio divino y sostienen el equilibrio de esa fuerza-pensamiento que lanzó a la tierra en su órbita y dijo a la ola orgullosa: ‘Hasta aquí, y no más’”.
Ahora comencé a entender mejor la metáfora del rayo tractor: El hecho eterno del amor de Dios era una fuerza poderosa y activa para resistir la pretensión de la mente mortal de que podría arrastrarme a un estado improductivo o drenar mi paz. Pronto descubrí que podía dedicarme a las tareas de limpieza tres o cuatro veces más tiempo que antes, y disfrutaba aceptar la ayuda de los miembros de mi familia con este trabajo. Contamos con alegría las historias de mi papá.
Encontré otra declaración en los escritos de la Sra. Eddy que me fortaleció en mi trabajo y aclaró aún más mi comprensión de nuestra inquebrantable conexión con nuestro creador: “Lo infinito no será enterrado en lo finito; el pensamiento sincero escapa de lo interior a lo exterior, y ésta es la única actividad correcta por medio de la cual alcanzamos nuestra naturaleza más elevada. Las teorías materiales tienden a contrarrestar la atracción espiritual —la tendencia hacia Dios, el infinito y eterno— por medio de una atracción opuesta hacia lo temporal y finito. La verdad, la vida y el amor son las únicas demandas legítimas y eternas que se le hacen al hombre; …” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 159).
Estas ideas siguen sosteniéndome siempre que una “teoría material” parece agobiarme o amenazar mi alegría o productividad. Nuestra unión espiritual con Dios es segura; cada tarea que tenemos es una oportunidad para sentir la poderosa presencia de Dios y Su amor.
