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La oración impulsada por Dios sana un bulto debajo del brazo

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 28 de septiembre de 2026


Hace algunos años, se formó un bulto debajo de uno de mis brazos. Al principio, oré brevemente por ello. Pero luego, aumentó de tamaño muy rápido y de manera alarmante. Oré con más diligencia, afirmando que el Dios todopoderoso y Su creación perfecta son la única realidad y la consecuente irrealidad de lo que parecía ser un problema grave. Reconocí con firmeza mi identidad divina y verdadera como imagen y semejanza de Dios, el Espíritu.

No trataba de lidiar con una enfermedad intimidante al pensar con optimismo. Más bien, me comprometí a comprender espiritualmente las aseveraciones con las que  oraba.  

Me inspiraron estas palabras de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “La metafísica resuelve las cosas en pensa­mientos y cambia los objetos de los sentidos por las ideas del Alma” (Mary Baker Eddy, pág. 269). Esto me llevó a reconsiderar los “objetos de los sentidos” llamados brazos.    

En lugar de ver el “brazo” como una estructura material formada por huesos, músculos, piel y otros elementos físicos, lo identifiqué como una idea de origen divino que expresa fuerza ilimitada, forma perfecta, movimiento correcto e impecable estructura. A medida que abracé más plenamente mi individualidad espiritual como un hijo amado e inmortal de Dios, el Alma, libre de cualquier enfermedad, pude rechazar la teoría basada en la materia de que las enfermedades son inevitables. Estos pensamientos calmaron mis temores y me ayudaron a ver que los síntomas eran completamente falsos e insustanciales.

Otra declaración de Ciencia y Salud también me animó: “Tu­mores, úlceras, tubérculos, inflamaciones, dolores, coyuntu­ras deformadas, son sombras-sueños estando despierto, imágenes oscuras del pensamiento mortal, que huyen ante la luz de la Verdad” (pág. 418). Interpreté la expresión “sombras-sueños estando despierto” como una referencia a la tenuidad tanto de los sueños como de las sombras, ninguna de las cuales tiene sustancia real. Y empecé a ver el bulto como una ficción, una mera sombra en el pensamiento.  

También reflexioné sobre la promesa bíblica: “He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres” (Eclesiastés 3:14). Reconocí que nada (tal como un bulto corporal) podía añadirse a mi ser derivado de Dios, que es completo, intacto y espiritualmente tangible —y que nada podía quitarse a la utilidad e integridad de la idea que representaba mi brazo. Insistí en que podía comprender esta verdad y que podía esperar que la condición fuera eliminada mediante la oración científica—.

Persistir en este razonamiento disolvió mi temor y trajo curación. Así como alguien que despierta de un sueño y percibe su nada, yo desperté de una perspectiva basada en la materia y me volví más consciente de mi existencia genuina y espiritual. El bulto desapareció en una semana y no ha vuelto en los años que han pasado desde entonces.  

Esta experiencia me enseñó valiosas lecciones sobre escuchar al orar, la persistencia y el razonamiento metafísico. Además, los conceptos sanadores que aprendí se han quedado conmigo, permitiéndome ver que la materia no tiene parte en mi verdadera historia. Estoy muy agradecido por la forma en que la Ciencia Cristiana nos revela el reino de Dios aquí y ahora.

Andy Remec
Walnut Creek, California, EE. UU.

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