En 2025, durante unas semanas no me sentí bien y, a pesar de mis oraciones, mejoré muy poco. Necesitaba ayuda con las compras, el lavado de la ropa y la limpieza. Parecía estar en un “compás de espera”.
Seguía corrigiendo el sentimiento de que estaba atrapada, sabiendo que todos estamos sostenidos a cada momento por el omnipotente cuidado de Dios, el cual incluye la libertad. También seguía orando para saber que Dios era mi fuerza y estaba conmigo a cada momento. Nunca me sentí sola; sabía que yo era la idea espiritual de Dios, la Mente infinita, y que Él no podía estar más cerca de lo que estaba.
Mary Baker Eddy escribe: “Liberémonos de la creencia de que el hombre está separado de Dios y obedezcamos solamente al Principio divino, a la Vida y al Amor. He aquí el gran punto de partida para todo crecimiento espiritual verdadero” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 91). Entonces me recordé a mí misma: “¡Estoy en medio de una curación!”
Esa idea de estar de camino a la curación ayudó a eliminar la duda y el temor. Y siempre me encanta recordar que nunca sanamos la materia. Sanar consiste en eliminar cualquier sentido personal y material de identidad y experiencia, y claramente vi este desafío como un error impersonal, lo opuesto a la verdad espiritual.
Sabía que el error no podía tener ningún control sobre mí ni capacidad para aferrarse a la creación completamente buena de Dios. En ese momento, se produjo un cambio tal en mi pensamiento que me levanté de la cama y me vestí. Cuando un familiar me pidió que lo llevara al pie de nuestra colina, me sentí muy agradecida de poder hacerlo. Pero después de que él saliera del auto, me sentí demasiado débil y mareada incluso para ponerlo en marcha y volver a subir la colina. Me quedé pensando: “¡Qué ridículo! Esto no soy yo. Dios jamás creó a un mortal que sufre y lucha”.
Me vino al pensamiento la reunión de testimonios del miércoles anterior en nuestra filial de la Iglesia de Cristo, Científico. Las lecturas de la Biblia y Ciencia y Salud habían sido sobre nuestra totalidad y perfección en Dios y el hecho de que Él nos hizo a Su imagen y semejanza (véase Génesis 1:26, 27). Mostraban que era imposible que fuéramos otra cosa más que perfectos. Me recordó la importancia de identificarse solo con la idea espiritual del hombre del primer capítulo del Génesis. Casi me hizo reír a carcajadas ver que de alguna manera había aceptado el concepto del segundo capítulo del Génesis sobre “el sueño-Adán” (Ciencia y Salud, págs. 306-307), donde el hombre es representado como hecho del polvo en lugar de ser la imagen de Dios.
Eso me pareció realmente gracioso porque sabía que era imposible, aunque me di cuenta de que me había perdido un poco en la niebla de la forma de pensar del mundo —la creencia de vida en la materia—. Ahora veía la importancia de declarar que, en la infinitud de Dios, el Espíritu, no hay niebla de materia ni creencia mortal que pueda hacernos dormir —que era lo único que creía que quería hacer: dormir—.
Entonces vino el pensamiento de “[pelear] la buena batalla” (1 Timoteo 6:12). Mientras estaba sentada en el auto, dije en voz alta: “Soy el reflejo del Espíritu, y en la Verdad no hay historia de error”. Me estaba sacudiendo del pensamiento polvoriento del sueño-Adán y despertando a Dios, el bien. La Sra. Eddy escribe: “La razón, bien dirigida, sirve para corregir los errores del sentido corporal; pero el pecado, la enfermedad y la muerte parecerán reales (así como las experiencias del sueño mientras dormimos parecen reales) hasta que la Ciencia de la armonía eterna del hombre quebrante esas ilusiones con la inquebrantable realidad del ser científico” (Ciencia y Salud, pág. 494).
Puse el coche en marcha y de repente me di cuenta de que estaba bien. Fue como si me hubiera despertado de un sueño. Subí la colina y ese fue el fin de la enfermedad.
¿Por dónde empiezo siquiera a compartir mi gratitud? Estoy muy agradecida de que la Ciencia Cristiana nos enseñe a orar por todo. Ciencia y Salud ilumina la Biblia y nos despierta a nuestra verdadera individualidad espiritual. Me ayudó a comprender mejor la falsedad de la sugestión del error de que la mente mortal (el error impersonal) tenga algún poder sobre nosotros. Jamás estamos estancados. Estamos continuamente bajo el cuidado de Dios. A medida que nuestra comprensión de nuestra unidad con Dios aumenta, trae nuevas perspectivas, libertad y curación.
Heather Bauer
Suwanee, Georgia, EE. UU.
